¿Por qué las mujeres siempre nos comemos el coco?

Vamos a ser honestas, chicas. Nosotras tendemos a darle mil vueltas a absolutamente todo. Lo que han dicho, lo que no han dicho. Lo que ocurrió en aquel entonces y el mensaje subliminar que nos quiso dar el universo… Jajajaja…  ¿Pero por qué? ¿Por qué nos complicamos tanto la vida y por qué los hombres no lo suelen hacer? ¿Por qué las mujeres siempre nos comemos el coco?

Para el solo era una noche y yo aún sigo pensando en el

Hace poco una amiga me estuvo comentando que sigue pensando en aquel chico que conoció en una barbacoa de amigos. Lo típico: Los dos se vieron, se gustaron y terminaron en la cama. Al día siguiente ella se fue a su casa y el rollito acabó, pero no para su cabeza.

“Para el solo era una noche y yo aún sigo pensándolo después de semanas” me confesó. “Si acaso ese tío malgastó un pensamiento en mí, será al día siguiente en la ducha…” – me eché a reír y sí, le di la razón.  

Conexiones cerebrales

Una de las razones más científicas es la  diferencia cerebral entre hombres y mujeres. Si, nuestros cerebros son y funcionan de manera distinta. En el cerebro de los hombres, la información está separada en segmentos que no mantienen relación entre sí. Es decir: cada cosa que ven, escuchan, aprenden, experimentan, va por si sola en una especie de cajita. El caso de las mujeres es muy distinto. El cerebro femenino enlaza las informaciones con las emociones y recuerdos.

Un artículo muy interesante respecto a otras similitudes y diferencias cerebrales lo puedes leer aquí.

Razones socioculturales

Aparte de las diferencias cerebrales, hormonales etc., nuestro día a día sociocultural también juega un papel importante. Las mujeres nos comunicamos mucho más con nuestros amigos sobre lo que nos ocurrió. Al compartirlo, abrimos el campo para opiniones, puntos de vista, consejos y critica. Todo eso le suma importancia a un simple hecho que un hombre quizás ni siquiera lo hubiera mencionado.

Reflexiona y reacciona

En fin. Si. Somos distintos. Lo importante es que estemos conscientes de ello a la hora de sentir y también a la hora de darle mil millones de vueltas a las cosas. Muchas veces (sobre todo si se trata de un tema que nos agobia) es más fácil restarle importancia al asunto, segmentar la información como lo hacen los chicos, cerrar el capítulo y punto.