¿Por qué las mujeres siempre nos comemos el coco?

Vamos a ser honestas, chicas. Nosotras tendemos a darle mil vueltas a absolutamente todo. Lo que han dicho, lo que no han dicho. Lo que ocurrió en aquel entonces y el mensaje subliminar que nos quiso dar el universo… Jajajaja…  ¿Pero por qué? ¿Por qué nos complicamos tanto la vida y por qué los hombres no lo suelen hacer? ¿Por qué las mujeres siempre nos comemos el coco?

Para el solo era una noche y yo aún sigo pensando en el

Hace poco una amiga me estuvo comentando que sigue pensando en aquel chico que conoció en una barbacoa de amigos. Lo típico: Los dos se vieron, se gustaron y terminaron en la cama. Al día siguiente ella se fue a su casa y el rollito acabó, pero no para su cabeza.

“Para el solo era una noche y yo aún sigo pensándolo después de semanas” me confesó. “Si acaso ese tío malgastó un pensamiento en mí, será al día siguiente en la ducha…” – me eché a reír y sí, le di la razón.  

Conexiones cerebrales

Una de las razones más científicas es la  diferencia cerebral entre hombres y mujeres. Si, nuestros cerebros son y funcionan de manera distinta. En el cerebro de los hombres, la información está separada en segmentos que no mantienen relación entre sí. Es decir: cada cosa que ven, escuchan, aprenden, experimentan, va por si sola en una especie de cajita. El caso de las mujeres es muy distinto. El cerebro femenino enlaza las informaciones con las emociones y recuerdos.

Un artículo muy interesante respecto a otras similitudes y diferencias cerebrales lo puedes leer aquí.

Razones socioculturales

Aparte de las diferencias cerebrales, hormonales etc., nuestro día a día sociocultural también juega un papel importante. Las mujeres nos comunicamos mucho más con nuestros amigos sobre lo que nos ocurrió. Al compartirlo, abrimos el campo para opiniones, puntos de vista, consejos y critica. Todo eso le suma importancia a un simple hecho que un hombre quizás ni siquiera lo hubiera mencionado.

Reflexiona y reacciona

En fin. Si. Somos distintos. Lo importante es que estemos conscientes de ello a la hora de sentir y también a la hora de darle mil millones de vueltas a las cosas. Muchas veces (sobre todo si se trata de un tema que nos agobia) es más fácil restarle importancia al asunto, segmentar la información como lo hacen los chicos, cerrar el capítulo y punto.  

Mi verdadero hilo rojo

Hoy os traigo este maravilloso artículo de una de mis psicólogas favoritas: Marlen Ayala.

En algún momento de tu vida seguramente escuchaste la historia japonesa de “El hilo rojo”, ese supuesto hilo invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. Este se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper. Y de esta manera encontraras a tu verdadero amor, ese amor que sueñas desde que eres niña, ese amor que imaginas que llegará para alegrarte todos tus días y al final serás feliz como todas aquellas princesas de los cuentos de hadas que leías. Y entonces vas por la vida ansiando encontrar eso tan anhelado, esperando que esta vez sí sea la persona definitiva, esa persona con la cual estas destinada a ser plenamente feliz.

¿Y si el hilo rojo no nos conecta con otra persona?

Pero ¿Qué sucede cuando pasa el tiempo y no llega esa persona especial? o ¿Qué pasa cuando terminas aceptando una relación mediocre, por aferrarte a encontrar ese amor ideal?, dentro de las historias, leyendas o cuentos, jamás nos dicen realmente como lidiar con la frustración, los miedos o las inseguridades que tendrás en la búsqueda de una pareja, la realidad es, que muchas veces buscamos a ese príncipe de cuentos, en un mundo real y es ahí, justamente, donde iniciamos la lucha constante de encontrar a tu otra mitad…

Pero que sucedería si en vez de querer encontrar lo que te falta en otra persona, para así, ser plena y feliz, mejor decides ver lo que si tienes y arrancarte ese supuesto hilo rojo de tajo, si realmente existe ese hilo, úsalo, pero úsalo para sanar con todo tu amor cada parte que este fracturada dentro de ti, para zurcir cada herida que fuiste teniendo en tu vida que te llevo a creer que alguien más podría darte la felicidad, tranquilidad y bienestar, que solo te toca a ti construir.

Recuerda que no importa tu historia o las decisiones que te llevaron a esta situación, porque realmente lo que importa es que quieras mejorar tu vida, que logres encontrar esa plenitud de la que tanto te hablan, que descubras que el verdadero amor esta en ti, en cada acción buena y sana que haces para ti misa, no te permitas seguir con cuentos o historias que pueden sonar muy bellas, pero que en realidad solo fomentan la idealización del ser amado, si tu quieres tener un buen compañero de vida tienes que trabajar desde adentro de ti, para saber realmente que quieres o no en una persona y así poder llenar vacíos o situaciones personales, que son las que te pueden llevar a una equivocada selección de pareja.

Mi verdadero hilo rojo

Y desde ahora, cada vez que visualices ese hilo rojo, no olvides pensar que con la única persona que te conecta, es contigo misma, porque tu eres un ser completo, capaz de forjar un presente y un futuro estable en todos los sentidos, un ser que ama, pero ahora desde el respeto a ti misma y de la conciencia de lo que ya no quieres en tu vida.

Por: Lic. en Psicología Marlen Ayala

Mabel Mujer Amada

¿Amigos con derecho o amantes sin compromiso?

Sin celos, sin problemas y sobre todo sin exigencias – eso es exactamente lo que queremos si nos echamos un amigo con derecho a roce. Muchas veces nos lleva el simple deseo carnal y a veces es la falta de un poquito de “calorcito humano” como lo llamo yo… Pero siempre que tenemos ahí a alguien que dejó de ser un ligue de una noche pero tampoco es solo un amigo, tarde o temprano nos preguntaremos ¿pero esto qué es?

¿El amigo con derecho a roce existe?

Ya sé que mucha gente llama “amigo” a cualquiera. Pero un amigo realmente es una persona de confianza, alguien con el que mantenemos una amistad, que dejó de ser un conocido, que nos conoce y al que conocemos. Si me presentan a un chico o lo llego a conocer por Tinder  y en algún momento salimos o terminamos en la cama, no es un amigo ni mucho menos. Aparte de su nombre y algunos detalles superficiales sobre él y su vida no sé quién es, dónde están sus debilidades ni qué es lo que más le gusta. Es un ligue, un conocido, un amante o como lo quieras llamar pero no es un amigo.

Ahora bien. ¿Qué pasa si llegamos a salir y acostarnos con esta misma persona más veces y por a) o por b) nos seguimos cerrando a la idea de conocerla y quizás ver si en algún momento puede surgir algo más?

No queremos sentir nada por esa persona, ni complicarnos la vida con enfados ni celos, ¿verdad? Intentamos clasificarlo cómo amigo con derecho a roce o similar y trato cerrado. No hay exclusividad, no hay compromiso y nosotros seguimos con la seguridad que somos autosuficientes e independientes, que nada nos ata.

Pero qué bien nos sentimos, ¿no?

Pues el cuerpo y sobre todo el cerebro humano es un poquito más complejo de lo que a veces admitimos. Podemos intentar aferrarnos a  ciertas ideas y negar lo que ocurre en nuestro interior. Pero la verdad es que no somos un pedazo de carne  y siempre habrá una conexión entre nuestro cuerpo y lo que nos hacen sentir. Las personas con las que compartimos tiempo, sea en la cama o no, siempre dejarán un rastro, algo de ellos, y entre más tiempo pasemos juntos y más íntimo los momentos, más significativo lo que nos dejarán.

Queramos o no.

El que juega con el fuego…

Al final solo queda por decir lo que todos sabemos. El que juega con el fuego, corre el riesgo de quemarse. Y entre más tiempo pasas jugando, más alto será el riesgo de salir herid@ o herir. Los seres humanos no somos envolturas, cáscaras vacías (¡menos mal!) y tampoco deberíamos pretender serlo. 

Tengo 30 años y me encanta decirlo….

“En breve dejaras de ser joven” o “Lo divertido ya se acabó…” frases, que he escuchado más de una vez estos últimos meses. ¿Treinta y sin anillo en el dedo? ¿Treinta y sin saber dónde pasarás los próximos diez años? TREINTA. TREINTA. TREINTA. Una cifra que parece marcar la gran diferencia para tantas mujeres y que muchas temen cumplir como si implicase el final de su juventud. Algunas ya querían estar casadas y con hijos. Otras se imaginaron en un puestazo y siguen de becaria.

TREINTA. Uff… ¡y yo con estos pelos!

Psst… os contaré un secreto: No es para tanto. La verdad es que cumplir los treinta es lo más.

Tengo 30 años y me encanta decirlo. ¿Por qué?

Somos más sesssssssi qué nunca

Un chico una vez me dijo: “Qué edad más peligrosa” – me quedé un poco en blanco y le pregunté a qué se refería. “Pues las mujeres que rondan los treinta tienen un abanico que no veas. Son poderosas y vuelven locos a los hombres de 20 a 50…”. Me pareció uno de los piropos más gracioso y simpáticos que había escuchado nunca. Y lo mejor: ese hombre tenía toda la razón del mundo.  A los 30 hemos dejado de ser niñas pero aun no somos señoras. Somos atractivas, seguras y si nos da la gana, nos comemos el mundo entero…

No more drama

Hace unos días lo estuve hablando con una amiga que conozco desde hace muchísimos años. A los treinta todo parece más fácil, ¿no? Le damos menos importancia a las tonterías, ya no nos enfadamos con tanta facilidad y sobre todo: nos damos cuenta que muchas veces tampoco es para tanto.

¡Qué alivio!

Nos podemos permitir gustazos

Cuando recuerdo los tiempos de estudiante, admito que me la he pasado bien. Si. Pero seamos sinceras: ahora que trabajamos, nos podemos permitir cosas, que en su momento no podíamos. El bolso que tanto nos gusta, una escapadita con amigos y/o tu pareja o simplemente salir a cenar y de copas el fin de semana sin preocuparse por el examen el lunes. Estamos más libres a hacer que nos plazca y darnos esos gustazos que marcan la diferencia.

Somos conscientes

A los treinta años nos cuidamos, respetamos y queremos más que nunca. Somos conscientes de lo que tenemos y de lo que somos. ¡Y eso se nota!

Todos los “peros” y los “es que…” no valen la pena ni siquiera escucharlos, chicas. No hay presión ni hay obligación para nada.

El único deber que tenemos con este mundo, es ser buena con nosotras y los demás y nunca olvidarnos de ser feliz…

Así que si te toca cumplir los treinta años o ya los has cumplido, ¡disfrútalo!  Cómo todas las edades, hay que vivirla con ganas y a sabiendas que es una etapa maravillosa…

¿Se te ocurren más razones?  ¡Compártelas en un comentario!

Porque compartir es vivir…

¡Primero Yo! – La relación tóxica

Porque las relaciones tóxicas hieren en vez de curar, suprimen en vez de darte alas y te hacen llorar en vez de sonreir…

… Hoy comparto con vosotras la historia de mi amiga Belén. Una mujer que ha estado atrapada en una relación durante mucho tiempo…

Había regresado del sur hace unas horas, traía dos maletas; una de ropa y la otra llena de heridas en el alma, golpes en el corazón y maltratos de distintas maneras. Quería tirar la maleta al vacío y dejar que se hunda en lo más profundo del océano; ya no podía con tanta carga.

Tenía 10 kilos menos, la cara demacrada, se notaban mis huesos, todo lo que comía lo quería devolver, en algunas ocasiones me salía sangre de las encías. Juraría que me estaba muriendo lentamente. Dejé de ver a mis amigas, ya no me vestía como antes, no sonreía y la luz de mis ojos cada vez se opacaba más.

Aposté una y otra vez por mi relación por más que yo sabía la verdad, yo amé, yo me entregué, yo dejé todo por mi relación; aun sabiendo que me estaba hundiendo sola, aun sabiendo el huracán que se venía me quedaba ahí siempre contigo. ¿Qué pasó? ¿En qué momento el hilo de respeto, amor y confianza se rompió?

Estaba en la misma mierda, donde no existe paz, no hay luz, no puedes ni reír porque más puede la tristeza que la alegría, no creía poder salir de ahí, ya había tirado la toalla y me rendí, no me importaba nada, los días pasaban, la vida se me iba en cada amanecer y mi vida la robaste en un segundo; ya no existía ni para ti ni para mí.

Vinieron los golpes, las tapadas de moretones con mi sweater, nadie se daría cuenta de lo que estaba pasando, nadie al mirarme se daba cuenta que pedía a gritos que me ayuden, nadie sabía la pesadilla que vivía.

La última vez que nos vimos no sabías que te dejaría, la última noche que pasamos, el último beso, los últimos buenos días y el último hasta pronto; con todo el dolor que sentía yo me despedía de ti para siempre porque entendí que vine a ser feliz.

Fue un hasta nunca, un vuela alto y se feliz, ya sabía lo que se venía  por mi lado; noches, mañanas, días eternos pero lo logré. Ahora estoy más fuerte que nunca, he vuelto a sonreír, mis ojos volvieron a brillar, traigo muchas ganas de vivir el día a día, con buenas energías y una vez más preparada para lo que venga.

Me caí y me levanté, me volveré a caer muchas veces más pero ya sé por dónde caminar; ya sé por dónde ir y ahora sólo prometo no volver a callar algo así, prometo decir lo que siento y pienso, prometo amarme y respetarme, prometo disfrutar mis días y reír a carcajadas pero lo más importante prometo ser feliz.

                                                                                                                                                   BELUGENSO

Si queréis ver más de esta maravillosa mujer que dió el paso a compartir sus sentimientos con nosotras, echádle un vistazo a su perfil de Instagram.

¿Te ha gustado? También puedes leer mi artículo sobre el por qué el amor no duele.

Babum – la traducción de mi libro

Hace unos meses tomé la decisión de trabajar en la traducción de mi libro y por fin está hecho. La traducción está lista y ahora lo que me falta son unos pocos retoques, la corrección final y ya el inicio con la editorial. A ver qué tal me sale. ¿Queréis echarle un ojito a unas páginas y decirme que os parece? Pues vamos allá…

Extracto de Babum

III. ¡Deja de pensar y vive!

8.

¿Pero cómo es posible que el tiempo pase tan de prisa? Una pregunta que me hacía un montón de veces, sobre todo aquí en Madrid. El tiempo parecía arena corriendo entre mis dedos y como no era capaz de pararlo, intentaba concentrarme en las ganancias que obtuve a lo largo de las semanas y meses. Las experiencias, las impresiones, la gente…

Una de las personas más inspiradoras que he conocido, sin duda era Regina Capdevila, la chica cordobesa con la que compartí mesa en el AVE. Tenía tanta energía positiva, qué solo al mirarla, sentía  ganas de sonreír. Hace pocos años había decidido darle un cambio a su vida y montar su propio negocio. “Que quieres que te diga… no estaba feliz y sabía que tenía que cambiar algo… No tenía ni idea de nada… pero lo hice…” confesó y la verdad era que le había ido muy bien. Hoy en día no solo maquilla novias, que ya por sí es un trabajazo y lo hace con toda la pasión del mundo, también ofrece cursos de maquillaje y hasta trabaja en rodajes de grandes marcas, reportajes para revistas y mucho más. La admiraba tanto por su valentía y esa fuerza que hacía falta, al sacar adelante un proyecto nuevo, que me hacía reflexionar sobre mi misma.

¿Qué era lo que YO realmente quería? Siempre pensaba que lo más importante para mí era la estabilidad, tener una familia, un trabajo fijo y si era posible, todo lo antes posible, en tiempo record. Ahora me estaba dando cuenta, que me perdía lo más valioso: la vida. Me perdía mirar el cielo azul por un rato, respirar profundo y pensar en tonterías. Me perdía hacer cosas que me gustaban, por enfocar tanto las metas que yo misma me ponía en mí día a día. Me perdía sentirme viva, apasionada, completa. ¿A qué estás esperando, Cindy? ¿Vas a regresar a Alemania, entrar en una multinacional y dejar que todo suceda?

Dejar que las cosas sucedan… Mucha gente no era consciente de lo poco que tomaba las riendas de su vida y solo aceptaba que las cosas sucedan a su alrededor. Vida… otro termino o más bien un concepto indeterminado. Había algunos, para los que la vida significaba levantarse todos los días y sobrevivir, trabajar, preocupaciones, dormir y poco más. Pero la vida era muchísimo más que eso. Era levantarse con una sonrisa al escuchar cantar los pájaros o sentir los primeros rallos de sol. Era pasear por las calles, escuchando sus canciones favoritas. Era estar consciente de lo privilegiados que estábamos por tenerlo todo. Era sentir agradecimiento y amor.

En las pocas semanas que conocía a Rico, me di cuenta de que me faltaba algo esencial en mi vida. Rico… que difícil se me iba hacer olvidarlo… Desde nuestra vuelta de Córdoba y nuestro encuentro de fiesta, lo notaba aún más cercano. La pasión incondicional que sentíamos el uno por el otro, fue… digamos… complementado por un cauteloso cariño. Ambos sabíamos, que todo era pasajero, que en pocas semanas me iba a regresar y probablemente no nos íbamos a ver nunca más. Sin embargo o quizás precisamente por eso intentábamos disfrutar sin darle tantas vueltas a las cosas. Total… la vida era demasiado corta, ¿no?

“¿Quieres venirte a Barcelona? La semana que viene estaré ahí unos días y… no se… podrías” ni lo dejé terminar la frase.

“Vale, voy”.

¿Tienes juicio o realmente son prejuicios?

Hoy me gustaría analizar brevemente el tema del juicio y la diferencia a lo que llamamos los prejuicios. Me parece importante saber distinguir entre estos términos, usarlos con cabeza y conocer su significado para nuestras interacciones sociales.

Alguna vez he leído que los prejuicios nos protegen del peligro, nos ayudan a minimizar los riesgos y por lo tanto no son nada malo. Yo misma no estoy de acuerdo y me gustaría explicarle al mundo el por qué.

¿Qué son los prejuicios y qué es lo que los diferencia del tener juicio?

El prejuicio es la acción y efecto de prejuzgar (juzgar las cosas sin tener cabal conocimiento o antes del tiempo oportuno). Un prejuicio, por lo tanto, es una opinión previa acerca de algo que se conoce poco o mal. Hay prejuicios negativos y positivos pero en la mayoría de los casos, el término “prejuicio” tiene un significado negativo y también se entiende como tal. Los prejuicios existen en todas las sociedades y en todas las clases.

El término juicio, que proviene del latín iudicium, tiene diversos usos. Se trata, por ejemplo, de la facultad del alma que permite distinguir entre el bien y el mal o entre lo verdadero y lo falso. El juicio también puede ser una opinión, un dictamen o un parecer. El juicio está formado por un sujeto (el concepto de objeto del juicio), un predicado (el concepto que se aplica al sujeto) y la cópula (lo que estable si lo pensado es propio o no del objeto del juicio). Es lo que nos permite sobrevivir en nuestro día a día, tomar decisiones y valorar opciones. Actuar con juicio es saber clasificar (correctamente) y con racionalidad, siempre teniendo en cuenta que quedará si o si ese punto subjetivo (claro, al final somos humanos…). 

Dicho esto, podemos concluir el significado del tener juicio: Exacto. Es muy alto. Tener juicio es saber juzgar situaciones (¡Ojo!, no personas) e implica un trabajo cognitivo de valoración.

A diferencia de esto los prejuicios no implican ninguna valoración, ni siquiera implican pensar y son más bien un reflejo de nuestros cerebros. Si por ejemplo NO le respondemos a una persona por el simple hecho que tiene un aspecto un poco diferente (pero si le hubiéramos respondido a una persona que encaja un poco más con nuestra imagen de interlocutor apropiado) NO valoramos en absoluto la  situación y solo nos dejamos guiar por nuestros prejuicios.

¿Es una forma de protegernos? Quizás. Pero en la mayría de los casos no es una protección necesaria. Hablar con todo el mundo sin tener prejuicios, no implica una falta de  juicio. Subirse al coche de un desconocido con cara de bueno después de unas siete copas, es tener prejuicios positivos (tiene cara de bueno=será buena persona) y además no tener juicio (no valorar que las siete copas disminuyen considerablemente la capacidad de conducir).

En fin….

En mi opinión los prejuicios NO son algo bueno, todo lo contrario. Personas que se dejan guiar por sus prejuicios simplemente reaccionan a un impulso, no se permiten conocer, hacer propias experiencias, pensar y valorar por su cuenta.

¿Quizás por pereza? ¿Por miedo? 

¿Tú qué piensas al respecto? ¿Por qué tenemos tantos prejuicios?

Os deseo una maravillosa semana y os mando un abrazo muy fuerte…

¿El amor duele?

¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir que el amor duele? Pero, ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar seriamente sobre el significado de estas palabras?

“Lo que pasa es que no sabes lo que se siente eso… Si realmente estás enamorada, el amor duele” – Eso fue lo qué me dijo una amiga hace varios años. ¿Tenía razón?

Si te duele, no es amor.

Hoy, después de mucho tiempo y enriquecida por alguna que otra experiencia, puedo y quiero responderles a esa amiga y a todas las personas que asocian el amor con el dolor y con el drama. Gente, que utiliza frases como “El amor y el odio van de la mano” o “El amor es cuando no puedes vivir sin el otro” y lo garabatean en paredes o lo sueltan al mundo a través de Facebook o Twitter.

A esos supuestos románticos: ¿Habéis reflexionado alguna vez sobre lo que estáis diciendo? ¿Cuántas chicas jóvenes ahí afuera se lo creen de verdad y consideran normal el acoso, los malos tratos, la humillación y aceptan que le hagan de todo? ¿Cuántas mujeres (y sí, también algunos hombres) aceptan el sufrimiento porque al final forma parte del amor?

A todas esas chicas:

El amor NO significa renunciar por alguien a todo lo que te importa. El amor NO significa despertarse por la mañana con los ojos hinchados porque has llorado toda la noche. El amor NO significa que tengas que aceptar que te traten mal o te ignoren. El amor NO significa que siempre debemos tener miedo de perderlo. El amor NO significa sufrir sin sentido. El amor NO significa hacer de la otra persona el centro absoluto de tu vida o no ser capaz de vivir sin él. OBVIAMENTE podemos vivir el uno sin el otro. ¡Hemos venido al mundo solos!

El punto clave es, si esta otra persona enriquece nuestras vidas, la embellece, nos da algo que no tendríamos sin él. Amor significa algo bonito, calor humano, seguridad, confianza, diversión, alegría, compartir los momentos más bonitos con esa persona… Y lo más importante: El amor va de la mano con el amor propio y no con el odio.

Si te duele, entonces no es amor….

Pedir perdón no es tan dificil…

Sorry seems to be the hardest word

What have I got to do to make you love me? What have I got to do to make you care
What do I do when lightning strikes me and I wake to find that you’re not there?

What have I got to do to make you want me? What have I got to do to be heard?
What do I say when it’s all over and sorry seems to be the hardest word

It’s sad, so sad (so sad)
It’s a sad, sad situation
And it’s getting more and more absurd
It’s sad, so sad (so sad)
Why can’t we talk it over?
Oh it seems to me
That sorry seems to be the hardest word (…) Elton John

¿Qué tengo que hacer para que me ames? ¿Qué tengo que hacer para que te importe

¿Qué hago cuando me cae un rayo? ¿Y si me despierto para descubrir que no estás allí?

¿Qué tengo que hacer para que me quieras? ¿Qué tengo que hacer para que me escuches?

¿Qué digo cuando todo haya terminado y disculparse parece ser la palabra más difícil

Es triste, muy triste

Es una situación muy, muy triste.

Y se está volviendo cada vez más absurda

Es triste, muy triste

¿Por qué no podemos hablarlo?

Oh, me parece a mí

Que pedir disculpa es la palabra más difícil…

Lo siento, perdona, disculpa…

Ok. Entendido. Pedir perdón parece ser muy difícil. O al menos eso lo suele pensar la gente.

¿Por qué?


El pedir perdón para muchas personas significa asumir la culpabilidad de una situación. “Yo soy el/la que metió la pata y tú no tenías nada que ver”. ¡NO ES ASÍ! Pedir perdón no significa eso. No significa que la otra persona es libre de cualquier responsabilidad y que el primero que admite haber hecho un error pierde.

De vuelta al cole

Teniendo en cuenta que ya no tenemos ni edad ni tiempo para tonterías, quiero ir directamente al grano. El significado y la importancia de las disculpas:

Pedir perdón es lo mismo que disculparse. Al pedir disculpas, una persona está diciendo que siente o le sabe mal el daño que ha causado, incluso aunque no lo haya hecho a adrede. Cuando una persona se disculpa, también puede añadir que intentará enmendarse en el futuro. ¿Qué significa este gesto para la otra parte? Significa que alguien le da importancia a sus sentimientos y que es capaz de reflexionar su propio comportamiento. No somos nadie para juzgar si nuestra actitud realmente ha sido para tanto o no. El simple hecho de haberle hecho daño a otra persona, debería ser suficiente para hacernos pensar. ¿Esto suena a debilidad? ¡Todo lo contrario! Personas que saben pedir perdón muestran empatía, inteligencia emocional y apertura mental para el aprendizaje.

Y una cosa la debemos tener muy presente: la importancia de aprender.

Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.

(Mahatma Gandhi)

Ah… antes de que se me olvide… Es triste… muy triste… es una situación muy muy triste…

¿Pero para qué os voy a mentir? Es que me gusta más la versión con BLUE. Al menos el vídeo… lo puedo ver hasta sin sonido 😉

¡La vida es un carnaval! – Relato

“¡Mierda! ¡Que tarde!” Dejé la chaqueta encima del sofá de cuero oscuro y cogí el teléfono. Mientras marcaba su número, murmuraba en voz baja: “Esta vez tiene que funcionar…” – sonó el tono de llamada, nada. Con un suspiro dejé el teléfono entre oreja y hombro, aflojé un poco mi corbata y me serví un vaso de agua.

 Nelly, mi “casi” conquista de la semana pasada, no contestaba el teléfono. Lo llevaba intentando desde hace tres días y casi había perdido la esperanza… – “¿Hola?” – escuché decir una voz suave. “¿Hola? ¿Nelly? ¡Es Will! Quiero decir, Wilfried… ¿te acuerdas? Nos conocimos en la playa el sábado y…” – “Um… Yo… No soy Nelly” – me interrumpió cuidadosamente. No. Esa voz no pertenecía a Nelly. Nelly había sido descarada y graciosa. Ella había estado coqueteando con los camareros en el bar de la playa y me había vuelto loco a los pocos minutos con su risa y su profundo escote. Esa voz suave e insegura que acabo de escuchar, no tenía nada que ver con la mujer que yo quería volver a ver. “Lo siento, supongo que me equivoqué” – “No, no lo hiciste. Nelly… este es su número… pero no está en casa -respondió la voz-. Asentí en silencio como si la persona al otro lado de la línea pudiera verme. “Um… pero puedes dejarle un mensaje si quieres.” – Agité la cabeza – “Eso no será necesario. Lo intentaré de nuevo más tarde… cómo…. ¿cómo te llamas?” – “Soy María”. Asentí con la cabeza. “¡Gracias María! Te llamaré más tarde.” 

Colgué el teléfono, me quité la corbata y la camisa. Hacía tanto calor que me moría de ganas de darme una ducha fría después de este largo y duro día de trabajo. Me hubiera encantado recoger a Nelly y salir a cenar con ella. ¡Podría haberla llevado a cualquier sitio! Todos los restaurantes de la ciudad siempre tenían una mesa reservada para mí. ¡Al menos los buenos! Como empresario europeo en Caracas, siempre era un cliente bienvenido en todas partes. Sobre todo si te consideraban un amante de la buena cocina y del vino caro. Cuando tenía 18 años y me vine a Venezuela, no tenía nada. En Alemania me habían dicho que era un “vago”, un “soñador”, pero eso no me importaba en absoluto. Una de esas noches que mi padre se ha vuelto a pasar, simplemente empaqué mis cosas y me subí el próximo barco hacia Sudamérica, sin la menor idea de lo que me esperaba y sin despedirme de nadie. Pero aun así me atreví. Y ahora… Han pasado 20 años y nunca me he arrepentido.

Disfruté del agua cayendo sobre mis hombros y cerré los ojos. Probablemente el mejor momento de este día.

Una hora más tarde estaba de vuelta en mi sala de estar, la única habitación de mi apartamento con una temperatura razonablemente soportable. Cogí el teléfono y volví a marcar el número de Nelly.

 “¿Hola?” – “¡Hola, María! ¡Fuiste rápida esta vez!” – “¡Dijiste que llamarías de nuevo!” – “Así que… ¿estabas esperando mi llamada?” – “Um… Yo… ¡eso creo!” – Sonreí ante el tono avergonzado de su voz. “Nelly aún no está en casa, señor Wilfried”. “Por favor, llámeme Will”. – “De acuerdo. Nelly aún no está en casa, Will. ¿Quiere que le deje un mensaje?” – Me lo pensé por un momento. “Es muy amable de tu parte, María. ¿Por qué no le dices que me gustaría llevarla a almorzar mañana? ¿Sabes si tiene tiempo?”. “No lo creo… Will. Nelly y yo tenemos clase. Mañana un curso hasta las 2:00 de la tarde” – “¿Ah, sí? ¿Qué están estudiando?” – “Periodismo, señor…” – Interesante… Así que Nelly estudiaba periodismo. Jugaría con ventaja si pudiera investigar a algún autor que le guste… A ver qué se me ocurría… “Entonces, señor” – “Soy Will” – “Oh… ¡Disculpa!” – La inseguridad de María literalmente se arrastró a través del receptor y me pinchó el lóbulo de la oreja. ¡Sé educado! – Me decía a mí mismo. “Periodismo… qué bien. ¿Y? ¿Te gusta?” – “Creo que sí… pero desafortunadamente no es una profesión con muchas perspectivas. Especialmente con respecto a los acontecimientos en nuestro país…” – “¿Ah sí? ¿A qué te refieres?” “Bueno, si lo que dicen algunos economistas es cierto, un día el comunismo volverá a tocar a nuestra puerta… Y la experiencia ha demostrado que todos los extremos siempre van de la mano con el peor enemigo del periodismo…  la censura…” – Estaba sorprendido. Esta chica, a pesar de su edad, parecía tener muy claro de lo que estaba hablando… Pero además de eso, también me había fijado de otra cosa: “María, ¿sabes cantar?” – “¿Perdón, señor… quiero decir Will?” – Me reí: “¡¿SI sabes cantaaaar?! Tienes una voz muy bonita…”. La escuché entrar en silencio y me pregunté si quizás había ido demasiado lejos. “¡Yo… soy músico! Así que… Espera un minuto. Te llevo a mi piano…” Desaté el cordón blanco que ataba el largo cable de mi teléfono y lo arrastre por toda la sala hasta mi piano negro, doblé su  tapa hacia arriba y me deslicé sobre el taburete. “Usted… Quiero decir, ¿tú… tocas el piano?” “Lo intento… ya estoy un poco oxidado… pero estoy seguro de que todavía puedo conseguir tocar al menos algo cortito” – volví a colocar el teléfono entre oreja y hombro y empecé a tocar la primera canción que me vino en mente – una balada romántica que hace unos años solía tocar en los restaurantes y bares de los hoteles de Caracas y que me aseguraba cada dos por tres una buena propina.

María escuchaba los sonidos del piano y yo oía su zumbido. Parecía que le gustaba, pero no se atrevía a cantar… ¿Quizás si cambiaba la canción? “Hmm… ¿Qué piensas de algo con un poco más de ritmo? Deslicé mis dedos sobre las teclas y comencé con el típico intro de salsa. Tal vez Celia Cruz la motivaba un poco más… “AAAy, no hay que llorar, que la vida es un carnaval! Es más bello vivir cantando” se me escucho exclamar y María empezó a reírse. Fue una risa alegre, una risa con ganas, una risa que venía de corazón. Parecía que había conseguido que María se soltase un poquito…  “Ay no hay que lloraaar, que la vida es un carnaval! Y las penas se van cantando”, sintonizó ella. ¡Lo sabía! ¡Cantaba fenomenal! Su voz era simplemente preciosa. No pude evitar una sonrisa y terminé la canción con un outro energético. María aplaudió con entusiasmo.  Qué hermosa risa tiene esta chica, me pasó por la mente.

De repente se calló  “¡Nelly! Um… no… ¡Es para ti! Will, Adiós!” – Ni siquiera tuve tiempo de despedirme. “¿Hola? ¿Will? ¡Qué amable de tu parte llamar! Y gracias por hablar con mi… compañera de piso… ¡¿María?! ¿Podrías salir de la habitación? ¡Gracias, querida!” “Yo… um… hola Nelly. Sí, yo… Maria realmente es… Tuvimos una conversación muy interesante y fue… agradable…” – “¿Ah, sí?” Escuché algo raro en su voz: “Normalmente ni abre la boca… es un aburrimiento… una mosquita muerta. Pero bueno… me llevo bien con ella…” – “Hmmm… no me ha parecido nada aburrida” defendí a Maria, disgustado del comentario de Nelly. “Lo que sea. No me estás llamando para hablar de mi compañera, ¿verdad?”-  “No, en realidad no. ¿Vas a hacer algo mañana por la noche? Me gustaría invitarte a cenar. ¿Qué piensas?” “Nelly estuvo encantada, me dio su dirección y nos despedimos.  

Colgué el teléfono y miré el largo cable que había tendido por toda la sala para poder tocar el piano para María. Esa chica era… cualquier cosa menos tonta y aburrida… de eso estaba seguro. Era tímida, un poco reservada… Pero tenía una voz preciosa y me gustaba su forma de expresarse… y su risa. ¡Mañana podría echarle un ojo! Le dije a Nelly que la recogería a las 8:00. Si me presentara con una botella de vino 10-15 minutos antes, María tendría que dejarme entrar y yo tendría un poco de tiempo para hablar con ella hasta que Nelly terminara de arreglarse. Tal vez sobre el inminente retorno del comunismo… Tal vez sobre la música… Sobre lo que sea… pero esa chica… ha despertado mi curiosidad.