Valientes o no, todos los tenemos: Miedos

Yo siempre creí que era una chica valiente y con una autoestima bastante alta. “Si yo puedo con todo”, solía decir. Cuando entré en un círculo de mujeres, empecé a comprender el significado de lo que llamamos consciencia. Y no. No era tan valiente como siempre pensaba…

Nadie lo sabía…

Quiero contaros una cosita sobre mí. En 2015 estuve pasando por unos momentos un poco difíciles (tanto a nivel profesional como a nivel privado) y decidí escribir un libro. “Uff… otra chica más en búsqueda del protagonismo” pensará alguno de vosotros. Pero la verdad es que ni siquiera se lo conté a mi propia mamá ni a mi mejor amiga.  Escribí Babum para mí. Para mí solita. Después de haberlo terminado y tener un poco más de claridad sobre lo que realmente quería, diseñé la portada y pensé “Pues nada… ya que está, lo publicas, ¿no?”. Lo hice bajo un seudónimo y seguí sin contárselo a nadie. El tiempo pasó y empezaron a entrarme correos de mujeres que habían leído mi libro y se sentían identificadas conmigo y mi historia. “¿Cuándo sacarás la segunda parte?” me preguntaban y decidí hacerlo, escribí la segunda parte de “Babum”.

Reflexionar no es tan fácil

El año pasado quedé con mi amiga Regina para tomar unas cañas y ella me comentó algo sobre ese grupito maravilloso de mujeres, que compartían el sueño de empoderarse mutuamente. “Qué bonito” pensé. “Quizás podré aportar algo bueno” y claro que entré.

Creo que esta decisión ha sido una de las mejores que he tomado en mi vida y tengo que admitir que en vez de haber aportado siento que he recibido muchísimo de las mujeres que forman parte de este movimiento. La fase inicial consiste en quemar sus miedos, lo que implica una profunda reflexión.

“Pero… ¡Si yo no tengo miedos!” ¿Ah no?

Si realmente era tan valiente… ¿Por qué no le había contado a nadie lo de mi libro? No lo sabía y la verdad era que nunca me lo había preguntado. ¿Cómo podía ser que no cuestionaba más mi comportamiento al respecto? En fin. Tras alguna que otra reflexión descubrí que mis miedos principales eran los miedos de ser juzgada y de fracasar. Si nadie sabía que había escrito un libro, nunca se iban a enterar si resultaba ser una mier**, ¿no? Pero si tanto temía el fracaso, ¿Qué decía eso sobre mí? Si no era capaz de tragarme algunos comentarios burleteros, ¿no implicaba una falta de seguridad?

Miedos

Lo que no debemos olvidar es que los miedos al final no son nada más que una idea en nuestra cabeza, algo irreal que nunca ha ocurrido y probablemente no va a ocurrir. Y aun así muchas veces les damos muchísimo más poder de lo que deberíamos, por falta de consciencia, falta de reflexión. Yo por mi parte he tomado la decisión de olvidarme de mis miedos y quemarlos de verdad. Le dí mi libro a mi madre, mi tía y a mis mejores amigas (probablemente el paso más difícil para mí). Además he abierto una cuenta de Instagram hace unos meses y la semana pasada he terminado la traducción de Babum al castellano (!!!).

Al final todo está saliendo cómo debía salir… Mi historia le está llegando a un montón de mujeres y si al final consigo que algunas de ellas no cometan los mismos errores que yo y le hagan más caso a su corazón, pues… me compensará por todos los comentarios o las críticas que podrían llegar… (o no… 😉 )

Ella – “La mejor versión de mi” – una de las experiencias más bonitas que te puedes regalar

Sábado por la mañana, unas treinta mujeres que, sin conocerse de nada, ya comparten una cosa: la curiosidad sobre lo que las espera ese día. Y no va a ser lo único que compartirán…

Pero vamos paso a paso.

Ella – “La mejor versión de mi”

Ella, el evento organizado por Claudia OsborneSonia Terol y Yessica Fernández-Cruz, se dirige a aquellas mujeres que sienten curiosidad por su interior, quieren trabajar su mente y prepararse para una vida más consciente. ¿Cuáles son mis creencias? ¿De qué manera me limitan? Y sobre todo: ¿Cómo puedo cambiarlas?

¿Suena curioso? ¡Lo es! Y la verdad es que al ir a este evento no tenía idea de lo que me esperaba y he ido con cero expectativas. Lo que me encontré, me dejó boca abierta. Para empezar, la cantidad y variedad de mujeres: Éramos unas treinta chicas (o más) y de todas las edades. “Cuanta belleza” decía Sonia al saludarnos después de unos pocos minutos y tenía toda la razón del mundo.

Las presentaciones de Claudia y Yessi,  sus preguntas y también sus anécdotas personales nos hicieron pensar, reír y sentirnos cómodas. Pero sobre todo nos ayudaron abrirnos poco a poco, cuestionarnos y hablar con sinceridad sobre nosotras mismas, nuestras experiencias y nuestros sentimientos. Y todo eso delante de un grupo de mujeres que no conocíamos de nada…

Y por supuesto no hay que olvidar a Sonia Terol, nuestra guru explosiva y llena de energía que nos enseñó cómo alinear cuerpo y estado de ánimo, bailar en seco sin cubata en la mano y reírnos desde lo más profundo de nuestro interior.

El arte de conocerte

Ahora es cuando podría empezar a contar sobre las lecciones que nos dieron, la esencia de lo que hemos aprendido e intentar verbalizar lo experimentado. Pero la verdad es que aquel sentimiento de conexión e intimidad con las mujeres que estuvieron presente, no es algo que se deje describir fácilmente, es algo que hay que sentirlo en persona.

Chicas, si algún día tenéis la oportunidad de ir a este evento, adelante. Creo que hablo por todas las participantes si os digo, que realmente valió la pena y hemos disfrutado un montón de esta experiencia. Podéis ir con una buena amiga (como lo hice yo), vuestra hermana, madre, o sola. Al final da igual porque compartiréis con todas las que están ahí.

Claudia, Sonia y Yessica son unas grandísimas mujeres y consiguen de verdad lo que prometen, hacerte salir cómo una mejor versión de ti misma…

¿Tienes juicio o realmente son prejuicios?

Hoy me gustaría analizar brevemente el tema del juicio y la diferencia a lo que llamamos los prejuicios. Me parece importante saber distinguir entre estos términos, usarlos con cabeza y conocer su significado para nuestras interacciones sociales.

Alguna vez he leído que los prejuicios nos protegen del peligro, nos ayudan a minimizar los riesgos y por lo tanto no son nada malo. Yo misma no estoy de acuerdo y me gustaría explicarle al mundo el por qué.

¿Qué son los prejuicios y qué es lo que los diferencia del tener juicio?

El prejuicio es la acción y efecto de prejuzgar (juzgar las cosas sin tener cabal conocimiento o antes del tiempo oportuno). Un prejuicio, por lo tanto, es una opinión previa acerca de algo que se conoce poco o mal. Hay prejuicios negativos y positivos pero en la mayoría de los casos, el término “prejuicio” tiene un significado negativo y también se entiende como tal. Los prejuicios existen en todas las sociedades y en todas las clases.

El término juicio, que proviene del latín iudicium, tiene diversos usos. Se trata, por ejemplo, de la facultad del alma que permite distinguir entre el bien y el mal o entre lo verdadero y lo falso. El juicio también puede ser una opinión, un dictamen o un parecer. El juicio está formado por un sujeto (el concepto de objeto del juicio), un predicado (el concepto que se aplica al sujeto) y la cópula (lo que estable si lo pensado es propio o no del objeto del juicio). Es lo que nos permite sobrevivir en nuestro día a día, tomar decisiones y valorar opciones. Actuar con juicio es saber clasificar (correctamente) y con racionalidad, siempre teniendo en cuenta que quedará si o si ese punto subjetivo (claro, al final somos humanos…). 

Dicho esto, podemos concluir el significado del tener juicio: Exacto. Es muy alto. Tener juicio es saber juzgar situaciones (¡Ojo!, no personas) e implica un trabajo cognitivo de valoración.

A diferencia de esto los prejuicios no implican ninguna valoración, ni siquiera implican pensar y son más bien un reflejo de nuestros cerebros. Si por ejemplo NO le respondemos a una persona por el simple hecho que tiene un aspecto un poco diferente (pero si le hubiéramos respondido a una persona que encaja un poco más con nuestra imagen de interlocutor apropiado) NO valoramos en absoluto la  situación y solo nos dejamos guiar por nuestros prejuicios.

¿Es una forma de protegernos? Quizás. Pero en la mayría de los casos no es una protección necesaria. Hablar con todo el mundo sin tener prejuicios, no implica una falta de  juicio. Subirse al coche de un desconocido con cara de bueno después de unas siete copas, es tener prejuicios positivos (tiene cara de bueno=será buena persona) y además no tener juicio (no valorar que las siete copas disminuyen considerablemente la capacidad de conducir).

En fin….

En mi opinión los prejuicios NO son algo bueno, todo lo contrario. Personas que se dejan guiar por sus prejuicios simplemente reaccionan a un impulso, no se permiten conocer, hacer propias experiencias, pensar y valorar por su cuenta.

¿Quizás por pereza? ¿Por miedo? 

¿Tú qué piensas al respecto? ¿Por qué tenemos tantos prejuicios?

Os deseo una maravillosa semana y os mando un abrazo muy fuerte…

Soy único, ¿y tú?

“No, no soy como los demás” – “Soy algo especial” – algo, que todos hemos escuchado alguna vez y bueno… que quizás la mayoría de nosotros también hemos dicho alguna vez. Cada uno de nosotros quiere ser algo especial, hacer algo diferente a lo que hacen los demás. ¿Pero por qué? ¿De dónde viene eso de querer distinguirse?  

Presión social

Si no somos mejores, más rápidos o más creativos que los demás, no avanzaremos. O al menos eso es lo que pensamos. En un mundo en el que casi todo el mundo tiene un título, conocimientos de idiomas y experiencia en diferentes ámbitos, tenemos que intentar destacar de alguna manera. La competitividad de nuestra sociedad es literalmente tangible. Tanto en el sector profesional como en privado. ¿Quién tiene los mejores hobbies? ¿Quién hace más deporte? ¿Quién conoce los sitios más cool y quién tiene el mayor número de ligues? A la gente le encanta competir con los demás, no es por nada que hay tantas competiciones. 

Un poco egocéntricos…

Si no queremos ser el mejor atleta de nuestro año o el empresario más exitoso de nuestro círculo de amigos, al menos no queremos perdernos en la uniformidad de nuestra sociedad, ¿verdad? Por supuesto que no. Al final todos somos un poco egocéntricos… Lo que a veces olvidamos: Hay más de 7.600 millones de personas en este mundo. ¿Cual es la probabilidad de que nadie haga, piense o sufra las mismas cosas que nosotros? Además, se supone que cada uno de nosotros tenemos de seis a siete dobles, ¿no?

El ser humano es mucho menos único de lo que cree…  

¿Qué más da?

Concentrémonos menos en lo que nos distingue de los demás, en lo que nos hace mejores o peores. No tenemos que compararnos con la gente que nos rodea. ¡Al contrario! El querer ser algo especial sale de nuestro ego y no nos lleva a ningún sitio. Si, en cambio, enfocamos nuestra energía en ser felices y hacer lo que realmente queremos hacer, progresaremos mucho más… 

¿El amor duele?

¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir que el amor duele? Pero, ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar seriamente sobre el significado de estas palabras?

“Lo que pasa es que no sabes lo que se siente eso… Si realmente estás enamorada, el amor duele” – Eso fue lo qué me dijo una amiga hace varios años. ¿Tenía razón?

Si te duele, no es amor.

Hoy, después de mucho tiempo y enriquecida por alguna que otra experiencia, puedo y quiero responderles a esa amiga y a todas las personas que asocian el amor con el dolor y con el drama. Gente, que utiliza frases como “El amor y el odio van de la mano” o “El amor es cuando no puedes vivir sin el otro” y lo garabatean en paredes o lo sueltan al mundo a través de Facebook o Twitter.

A esos supuestos románticos: ¿Habéis reflexionado alguna vez sobre lo que estáis diciendo? ¿Cuántas chicas jóvenes ahí afuera se lo creen de verdad y consideran normal el acoso, los malos tratos, la humillación y aceptan que le hagan de todo? ¿Cuántas mujeres (y sí, también algunos hombres) aceptan el sufrimiento porque al final forma parte del amor?

A todas esas chicas:

El amor NO significa renunciar por alguien a todo lo que te importa. El amor NO significa despertarse por la mañana con los ojos hinchados porque has llorado toda la noche. El amor NO significa que tengas que aceptar que te traten mal o te ignoren. El amor NO significa que siempre debemos tener miedo de perderlo. El amor NO significa sufrir sin sentido. El amor NO significa hacer de la otra persona el centro absoluto de tu vida o no ser capaz de vivir sin él. OBVIAMENTE podemos vivir el uno sin el otro. ¡Hemos venido al mundo solos!

El punto clave es, si esta otra persona enriquece nuestras vidas, la embellece, nos da algo que no tendríamos sin él. Amor significa algo bonito, calor humano, seguridad, confianza, diversión, alegría, compartir los momentos más bonitos con esa persona… Y lo más importante: El amor va de la mano con el amor propio y no con el odio.

Si te duele, entonces no es amor….

Siendo sincero duermes más tranquilo… – La verdad y su significado para cada uno de nosotros

A veces la verdad puede ser dolorosa, desagradable o dependiendo de la situación también puede ser un poco inapropiado decirla. Imagínate como se debe sentir una embarazada al preguntarte si esta gorda o tu pareja si quiere saber si acabas de mirarle el escote a ese pibonazo en la barra. Lo que quizás te hace reír ahora mismo, realmente es una reflexión muy seria sobre nuestra sociedad. ¿Realmente queremos que nos digan la verdad? ¿Somos sinceros? ¿Se valora a la gente honesta?

Hace unos días me fui de cañas con una amiga y se nos acercó un chico, pidiéndonos un cigarro. Después de intercambiar dos frases, se despidió y nosotras seguimos con nuestra conversación. Unas horas más tarde, se acercó una chica para pedirnos un cigarro para su novio y nosotras nos reímos cuando -¡ANDA! – vimos que se trataba del mismo chico que nos había hablado antes. Lo mejor: el chico actuó como si no nos conociera. ¡En serio! Nos dijo que no era él y que no nos había visto en su vida. ¿Perdona?

La transformación de la sociedad

Érase una vez un mundo en el que la honestidad se consideraba una virtud. La gente confiaba en la palabra del otro y como prueba les valía un apretón de manos. Hoy en día es diferente. La gente ha “aprendido” a desconfiar unos de otros, a no creer nada hasta que no se haya probado (en fin, todos sabemos cuánta basura se esparce por los medios de comunicación) y parecemos andar por la vida en posición defensiva.

Normal, en tiempos de Dieselgate, Barcenas, Urdungarin y la cantidad de casos que hemos visto últimamente, hasta yo no paro de preguntarme, si siempre hemos sido así de… decepcionantes… o si es que ahora, que tenemos los medios de comunicación a nuestro alcance, simplemente nos enteramos de las cosas que realmente ocurren a nuestro alrededor. Yo creo que ambos puntos son ciertos y que van enlazados el uno con el otro. La naturaleza del ser humano es egoísta (Si pensamos en un niño, este chiquillo – aunque sea el más lindo del mundo – en un principio siempre va a buscar su propia ventaja. Con el tiempo aprende lo que significa ser un ser social, y llega a conocer las normas de nuestra sociedad, el instinto colectivo y las conductas altruistas). La gente dice mentiras y engaña para obtener ventajas, beneficios, prestigio, posiciones de trabajo, autoafirmación etc. Resumiéndolo: en general miente por motivos de autointerés. ¿Y luego que ocurre? Estos casos se descubren, los fraudes y las estafas terminan saliendo a la luz, tanto como los casos de corrupción y las infidelidades. Todo termina saliendo a la luz y se difunde por el boca a boca y, claro, por los medios de comunicación. Con cada caso que vemos o escuchamos, cada engaño y cada fraude que experimentamos, nos volvemos cada vez más indiferentes y las mentiras nos parecen cada vez más normal. Es una cadena y estos acontecimientos van cambiando gradualmente a nuestra sociedad. “¿Por qué voy a ser honesto si ni siquiera ellos lo son?”

¿Y qué hay de ti?

¿Entonces cuál sería la solución? ¿Hablar menos de dichos casos? ¿Callarnos? No. ¿Pero por qué no empezamos por donde podemos? ¿Con nosotros mismos y la gente que nos rodea? ¡Empecemos a dar ese ejemplo a los que nos siguen y dejemos de mentir por cualquier tontería!  

¿La verdad está sobrevalorada y las pequeñas mentiras no le hacen daño a nadie? En mi opinión, eso no es correcto. Las mentiras más pequeñas – aunque sólo sirvan para evitar conflictos – también conducen a una pérdida de confianza y afectan a nuestra mentalidad. Si ni siquiera puedo confiar en que esta persona me diga la verdad sobre un detalle sin importancia, ¿cómo puedo creerle cuando se trate de algo con más peso? En lugar de evitar conflictos con la ayuda de mentiras, deberíamos aprender a resolverlos.

¿Estoy más gorda? Si. ¿Te ha gustado la comida? No mucho la verdad.

Si, a veces la sinceridad del otro nos deja un picor desagradable sobre la piel. Pero es un precio bastante bajo por algo tan valioso como

LA VERDAD.  

Pedir perdón no es tan dificil…

Sorry seems to be the hardest word

What have I got to do to make you love me? What have I got to do to make you care
What do I do when lightning strikes me and I wake to find that you’re not there?

What have I got to do to make you want me? What have I got to do to be heard?
What do I say when it’s all over and sorry seems to be the hardest word

It’s sad, so sad (so sad)
It’s a sad, sad situation
And it’s getting more and more absurd
It’s sad, so sad (so sad)
Why can’t we talk it over?
Oh it seems to me
That sorry seems to be the hardest word (…) Elton John

¿Qué tengo que hacer para que me ames? ¿Qué tengo que hacer para que te importe

¿Qué hago cuando me cae un rayo? ¿Y si me despierto para descubrir que no estás allí?

¿Qué tengo que hacer para que me quieras? ¿Qué tengo que hacer para que me escuches?

¿Qué digo cuando todo haya terminado y disculparse parece ser la palabra más difícil

Es triste, muy triste

Es una situación muy, muy triste.

Y se está volviendo cada vez más absurda

Es triste, muy triste

¿Por qué no podemos hablarlo?

Oh, me parece a mí

Que pedir disculpa es la palabra más difícil…

Lo siento, perdona, disculpa…

Ok. Entendido. Pedir perdón parece ser muy difícil. O al menos eso lo suele pensar la gente.

¿Por qué?


El pedir perdón para muchas personas significa asumir la culpabilidad de una situación. “Yo soy el/la que metió la pata y tú no tenías nada que ver”. ¡NO ES ASÍ! Pedir perdón no significa eso. No significa que la otra persona es libre de cualquier responsabilidad y que el primero que admite haber hecho un error pierde.

De vuelta al cole

Teniendo en cuenta que ya no tenemos ni edad ni tiempo para tonterías, quiero ir directamente al grano. El significado y la importancia de las disculpas:

Pedir perdón es lo mismo que disculparse. Al pedir disculpas, una persona está diciendo que siente o le sabe mal el daño que ha causado, incluso aunque no lo haya hecho a adrede. Cuando una persona se disculpa, también puede añadir que intentará enmendarse en el futuro. ¿Qué significa este gesto para la otra parte? Significa que alguien le da importancia a sus sentimientos y que es capaz de reflexionar su propio comportamiento. No somos nadie para juzgar si nuestra actitud realmente ha sido para tanto o no. El simple hecho de haberle hecho daño a otra persona, debería ser suficiente para hacernos pensar. ¿Esto suena a debilidad? ¡Todo lo contrario! Personas que saben pedir perdón muestran empatía, inteligencia emocional y apertura mental para el aprendizaje.

Y una cosa la debemos tener muy presente: la importancia de aprender.

Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.

(Mahatma Gandhi)

Ah… antes de que se me olvide… Es triste… muy triste… es una situación muy muy triste…

¿Pero para qué os voy a mentir? Es que me gusta más la versión con BLUE. Al menos el vídeo… lo puedo ver hasta sin sonido 😉

¡La vida es un carnaval! – Relato

“¡Mierda! ¡Que tarde!” Dejé la chaqueta encima del sofá de cuero oscuro y cogí el teléfono. Mientras marcaba su número, murmuraba en voz baja: “Esta vez tiene que funcionar…” – sonó el tono de llamada, nada. Con un suspiro dejé el teléfono entre oreja y hombro, aflojé un poco mi corbata y me serví un vaso de agua.

 Nelly, mi “casi” conquista de la semana pasada, no contestaba el teléfono. Lo llevaba intentando desde hace tres días y casi había perdido la esperanza… – “¿Hola?” – escuché decir una voz suave. “¿Hola? ¿Nelly? ¡Es Will! Quiero decir, Wilfried… ¿te acuerdas? Nos conocimos en la playa el sábado y…” – “Um… Yo… No soy Nelly” – me interrumpió cuidadosamente. No. Esa voz no pertenecía a Nelly. Nelly había sido descarada y graciosa. Ella había estado coqueteando con los camareros en el bar de la playa y me había vuelto loco a los pocos minutos con su risa y su profundo escote. Esa voz suave e insegura que acabo de escuchar, no tenía nada que ver con la mujer que yo quería volver a ver. “Lo siento, supongo que me equivoqué” – “No, no lo hiciste. Nelly… este es su número… pero no está en casa -respondió la voz-. Asentí en silencio como si la persona al otro lado de la línea pudiera verme. “Um… pero puedes dejarle un mensaje si quieres.” – Agité la cabeza – “Eso no será necesario. Lo intentaré de nuevo más tarde… cómo…. ¿cómo te llamas?” – “Soy María”. Asentí con la cabeza. “¡Gracias María! Te llamaré más tarde.” 

Colgué el teléfono, me quité la corbata y la camisa. Hacía tanto calor que me moría de ganas de darme una ducha fría después de este largo y duro día de trabajo. Me hubiera encantado recoger a Nelly y salir a cenar con ella. ¡Podría haberla llevado a cualquier sitio! Todos los restaurantes de la ciudad siempre tenían una mesa reservada para mí. ¡Al menos los buenos! Como empresario europeo en Caracas, siempre era un cliente bienvenido en todas partes. Sobre todo si te consideraban un amante de la buena cocina y del vino caro. Cuando tenía 18 años y me vine a Venezuela, no tenía nada. En Alemania me habían dicho que era un “vago”, un “soñador”, pero eso no me importaba en absoluto. Una de esas noches que mi padre se ha vuelto a pasar, simplemente empaqué mis cosas y me subí el próximo barco hacia Sudamérica, sin la menor idea de lo que me esperaba y sin despedirme de nadie. Pero aun así me atreví. Y ahora… Han pasado 20 años y nunca me he arrepentido.

Disfruté del agua cayendo sobre mis hombros y cerré los ojos. Probablemente el mejor momento de este día.

Una hora más tarde estaba de vuelta en mi sala de estar, la única habitación de mi apartamento con una temperatura razonablemente soportable. Cogí el teléfono y volví a marcar el número de Nelly.

 “¿Hola?” – “¡Hola, María! ¡Fuiste rápida esta vez!” – “¡Dijiste que llamarías de nuevo!” – “Así que… ¿estabas esperando mi llamada?” – “Um… Yo… ¡eso creo!” – Sonreí ante el tono avergonzado de su voz. “Nelly aún no está en casa, señor Wilfried”. “Por favor, llámeme Will”. – “De acuerdo. Nelly aún no está en casa, Will. ¿Quiere que le deje un mensaje?” – Me lo pensé por un momento. “Es muy amable de tu parte, María. ¿Por qué no le dices que me gustaría llevarla a almorzar mañana? ¿Sabes si tiene tiempo?”. “No lo creo… Will. Nelly y yo tenemos clase. Mañana un curso hasta las 2:00 de la tarde” – “¿Ah, sí? ¿Qué están estudiando?” – “Periodismo, señor…” – Interesante… Así que Nelly estudiaba periodismo. Jugaría con ventaja si pudiera investigar a algún autor que le guste… A ver qué se me ocurría… “Entonces, señor” – “Soy Will” – “Oh… ¡Disculpa!” – La inseguridad de María literalmente se arrastró a través del receptor y me pinchó el lóbulo de la oreja. ¡Sé educado! – Me decía a mí mismo. “Periodismo… qué bien. ¿Y? ¿Te gusta?” – “Creo que sí… pero desafortunadamente no es una profesión con muchas perspectivas. Especialmente con respecto a los acontecimientos en nuestro país…” – “¿Ah sí? ¿A qué te refieres?” “Bueno, si lo que dicen algunos economistas es cierto, un día el comunismo volverá a tocar a nuestra puerta… Y la experiencia ha demostrado que todos los extremos siempre van de la mano con el peor enemigo del periodismo…  la censura…” – Estaba sorprendido. Esta chica, a pesar de su edad, parecía tener muy claro de lo que estaba hablando… Pero además de eso, también me había fijado de otra cosa: “María, ¿sabes cantar?” – “¿Perdón, señor… quiero decir Will?” – Me reí: “¡¿SI sabes cantaaaar?! Tienes una voz muy bonita…”. La escuché entrar en silencio y me pregunté si quizás había ido demasiado lejos. “¡Yo… soy músico! Así que… Espera un minuto. Te llevo a mi piano…” Desaté el cordón blanco que ataba el largo cable de mi teléfono y lo arrastre por toda la sala hasta mi piano negro, doblé su  tapa hacia arriba y me deslicé sobre el taburete. “Usted… Quiero decir, ¿tú… tocas el piano?” “Lo intento… ya estoy un poco oxidado… pero estoy seguro de que todavía puedo conseguir tocar al menos algo cortito” – volví a colocar el teléfono entre oreja y hombro y empecé a tocar la primera canción que me vino en mente – una balada romántica que hace unos años solía tocar en los restaurantes y bares de los hoteles de Caracas y que me aseguraba cada dos por tres una buena propina.

María escuchaba los sonidos del piano y yo oía su zumbido. Parecía que le gustaba, pero no se atrevía a cantar… ¿Quizás si cambiaba la canción? “Hmm… ¿Qué piensas de algo con un poco más de ritmo? Deslicé mis dedos sobre las teclas y comencé con el típico intro de salsa. Tal vez Celia Cruz la motivaba un poco más… “AAAy, no hay que llorar, que la vida es un carnaval! Es más bello vivir cantando” se me escucho exclamar y María empezó a reírse. Fue una risa alegre, una risa con ganas, una risa que venía de corazón. Parecía que había conseguido que María se soltase un poquito…  “Ay no hay que lloraaar, que la vida es un carnaval! Y las penas se van cantando”, sintonizó ella. ¡Lo sabía! ¡Cantaba fenomenal! Su voz era simplemente preciosa. No pude evitar una sonrisa y terminé la canción con un outro energético. María aplaudió con entusiasmo.  Qué hermosa risa tiene esta chica, me pasó por la mente.

De repente se calló  “¡Nelly! Um… no… ¡Es para ti! Will, Adiós!” – Ni siquiera tuve tiempo de despedirme. “¿Hola? ¿Will? ¡Qué amable de tu parte llamar! Y gracias por hablar con mi… compañera de piso… ¡¿María?! ¿Podrías salir de la habitación? ¡Gracias, querida!” “Yo… um… hola Nelly. Sí, yo… Maria realmente es… Tuvimos una conversación muy interesante y fue… agradable…” – “¿Ah, sí?” Escuché algo raro en su voz: “Normalmente ni abre la boca… es un aburrimiento… una mosquita muerta. Pero bueno… me llevo bien con ella…” – “Hmmm… no me ha parecido nada aburrida” defendí a Maria, disgustado del comentario de Nelly. “Lo que sea. No me estás llamando para hablar de mi compañera, ¿verdad?”-  “No, en realidad no. ¿Vas a hacer algo mañana por la noche? Me gustaría invitarte a cenar. ¿Qué piensas?” “Nelly estuvo encantada, me dio su dirección y nos despedimos.  

Colgué el teléfono y miré el largo cable que había tendido por toda la sala para poder tocar el piano para María. Esa chica era… cualquier cosa menos tonta y aburrida… de eso estaba seguro. Era tímida, un poco reservada… Pero tenía una voz preciosa y me gustaba su forma de expresarse… y su risa. ¡Mañana podría echarle un ojo! Le dije a Nelly que la recogería a las 8:00. Si me presentara con una botella de vino 10-15 minutos antes, María tendría que dejarme entrar y yo tendría un poco de tiempo para hablar con ella hasta que Nelly terminara de arreglarse. Tal vez sobre el inminente retorno del comunismo… Tal vez sobre la música… Sobre lo que sea… pero esa chica… ha despertado mi curiosidad.

¿Todos somos un poco bisexuales?

¿Cuánto sabemos sobre nuestra propia sexualidad? ¿Qué determina si somos bisexuales o no? ¿Y qué tan importantes son estas preguntas para nuestras vidas? Hace unos días he publicado en mi Blog alemán un artículo de un joven de Berlín hablando sobre su propia sexualidad y su inseguridad al respecto.

No tengo por qué decidirme

“Desde mi pubertad me preguntaba si me gustan las mujeres o los hombres. Hasta el día de hoy, no puedo responder a esa pregunta con claridad. La buena noticia es que no por qué decidirme. Puedo ser bisexual.

Hasta ahora sólo he hablado con mi mejor amigo sobre este conflicto interno. No sé si es por vergüenza o no. No hablo mucho de mi sexualidad. Pero el hecho de que pueda ser bi me llevó a investigar sobre este tema. Quería saber qué es lo que había detrás del término “bisexualidad”. En principio, todo ser humano tiene una disposición bisexual. Al menos es lo que decía Sigmund Freud. Según su investigación científica, todos nacemos con tendencias heterosexuales y homosexuales. Después de una fase de bisexualidad, solemos elegir el mismo sexo o el sexo opuesto. CUANDO se decide lo que te gusta, no está muy claro…

El  hecho de sentirse atraído por  hombres y mujeres no significa encontrar a ambos sexos interesantes de la misma manera. Se puede tener preferencias. Para la bisexualidad, las fantasías eróticas del mismo o diferente sexo son suficientes. Esto significa que una mujer puede llamarse bi si vive en una relación con un hombre y ocasionalmente piensa en tener sexo con otra mujer. Del mismo modo, el hombre supuestamente heterosexual que a veces piensa en acostarse con otro hombre. Lo mismo se aplica a las personas homosexuales.

Nunca he tenido una relación seria con un hombre. Y me cuesta mucho imaginarlo. Aun así, tengo fantasías eróticas con chicos y a veces las vivo. ¿Cómo se supone que debo llamarme? Según Freud, la respuesta siempre está en el ojo del observador. En última instancia, depende de cómo se vea cada uno a sí mismo y de lo que decida hacer.”

La ciencia no miente

Aparte del ejemplo que dio mi amiguito, me gustaría dar algún ejemplo más que la heterosexualidad o también la homosexualidad rígida no existen. Investigadores de la Universidad de Cornell han examinado la dilatación de la pupila de voluntarios como indicador de excitación sexual mientras que veían imágenes pornográficas. El resultado fue que ambos sexos se excitaban más con imágenes de su sexo “preferido” pero al final ciencia no miente. Sus pupilas revelaron excitación también al ver escenas homosexuales/heterosexuales.

Sobre todo a los hombres heterosexuales se les hace difícil admitir la atracción por el mismo sexo, lo que tiene que ver con las ideas de masculinidad propagadas por nuestra sociedad durante décadas. Mujeres parecen ser un poco más abiertas al respecto…

¿A partir de cuándo soy bisexual?

Pues partiendo de la base que todos sentimos cierta atracción por ambos sexos, la pregunta es ¿cómo definimos bisexualidad? o mejor dicho ¿cómo definimos el ser bisexual? ¿Tiene que ser una sexualidad real es decir experimentada? ¿Vale con una simple fantasía?

La sexualidad como tal es un conjunto de actividades y comportamientos relacionados con el placer sexual. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad humana abarca tanto las relaciones sexuales (el coito) como el erotismo, la intimidad y el placer. La sexualidad es experimentada y expresada a través de pensamientos, acciones, deseos y también fantasías. Así que al fantasear con el mismo sexo, al menos podríamos decir tener tendencias bisexuales.

En fin. Cómo lo vemos cada uno y como nos queremos definir o no, al final da un poco igual. Lo importante es ser liberales, conscientes y disfrutar de lo que nos guste…

Oculta tras tu sombra – La depresión y lo que significa para la pareja

Hoy os quiero presentar algo muy especial. La carta de amor de una mujer cuya pareja sufre de una enfermedad que es más común de lo que pensamos: La depresión. ¿Cómo se vive con una pareja que sufre de estos estados de ánimos? ¿Qué significa para la convivencia?

Oculta tras tu sombra

Vivir en la sombra de un gran amor, saber que darías todo cuanto a tu alcance está,  para sacarlo del más profundo e infinito vacío, un túnel oscuro y sin final, por donde transitan sus pensamientos, donde sólo te une un hilo de esperanza con el mundo exterior. Y yo aquí a la espera que abra sus ojos y vea que tenemos una vida juntos, que aún  hay tiempo para vivir nuestros sueños.

Me tocó luchar por ti

Pero esta lucha constante por sacarte del abismo en que te encuentras , LA DEPRESION, una enfermedad que muchos padecen y no la reconocen, no la enfrentan, no la combaten , porque se encuentran perdidos y sin deseos de vivir. A mí me ha tocado luchar día tras día para salvarte y no dejarte envolver por esas corrientes de aguas turbulentas que te arrastran, hasta sacudir tus pensamientos y desear poner fin a tu vida.

Soy yo tú única esperanza, es nuestro amor lo que te da las  fuerzas para luchar, pone un punto de luz en el horizonte y te hace despertar de esta pesadilla.

Había días que solo quería huir

Saber que nos  amamos con tanta intensidad, es lo más bello que una persona puede vivir.

Es una energía que fluye y nos conecta donde quiera que estemos. No permitiré que esta enfermedad nos gane la batalla. Muchas veces te siento lejos, solitario, triste, como si fueras otra persona; no lo niego sufría silenciosamente, me refugie en los libros, artículos, buscaba desesperada información sobre el tema, pero cada vez me sentía más confundida. Hasta que un día comprendí que la respuesta que buscaba siempre estuvo allí en mí, nadie podría ayudarme, sólo este sentimiento tan puro era capaz de mantenerte aquí. Desde ese momento me dije a mi misma, nadie podrá robarnos la felicidad, las ganas de vivir, reír, hacer todo aquello que deseamos, lo que nos haga feliz. Somos responsables de nuestras vidas y debemos vivirlas como queremos, no como quieran los demás.

La esperanza y el amor son la solución

Te amo mi amor, juntos saldremos adelante, no dejaremos que la depresión sea más fuerte que nuestro amor. Para todas aquellas personas que están pasando o han pasado por éstos momentos, quienes tienen parejas, amigos, familiares depresivos va dirigido esté mensaje.

“No podemos permitir que la sombra de la depresión nos arrebate a nuestros seres queridos, tenemos que ser más fuertes, luchar con amor, fe y esperanza, y sobre todo oír la voz de nuestro corazón porque allí estará la respuesta“.

Maggy