Siempre que estés mal…

Siempre que estés triste, enfadada o simplemente desanimada, recuerda que estos sentimientos son algo pasajero. Tienes tanto por delante, tanto por vivir, experimentar, sentir.

Y serás feliz. Porque te lo mereces.

¿Cuántas veces?

¿Cuántas veces olvidamos lo que realmente cuenta?

¿Cuántas veces permitimos que las circunstancias o las actitudes de los demás influyan en nuestro estado de ánimo?

¿Cuántas veces nos dejamos nublar la vista?

¿Cuántas veces se nos escapa lo que tenemos por concentrarnos en lo que no?

Eres merecedora

Te mereces el disfrute de cada rayo de sol que entra por tu ventana por las mañanas.

Te mereces esa sensación en el pecho cuando sales y tomas una bocanada de aire fresco.

Te mereces ese viaje, ese capricho, ese postre.

Te mereces bailar, cantar, reír y chillar hasta que te falle la voz.

Siempre que estés mal…

… recuerda que te mereces ser feliz.

¡Abre los ojos que el sol no se puede tapar con un dedo!

– Por qué las mujeres deberíamos ser más realistas –

Cuando yo era niña, mi mamá a veces me decía que el sol no se podía tapar con un dedo. Si lo pienso bien, me lo decía mucho… En fin… De adolescente pensé que había entendido el significado de esa frase. Me consideraba una chica realista y con bastante cabeza.

De adulta me di cuenta de que la verdad era otra: No había entendido nada y estaba ciega.

Cómo todas.

¿Las mujeres idealizamos más?

En general se puede decir que cualquier ser humano ha idealizado algo o alguien alguna vez en su vida. Pero es verdad, qué las mujeres por diferentes razones tendemos a idealizar más que los hombres. ¿Por qué? ¿Y cual es el problema?

Pues iremos paso a paso…

¿Qué es idealizar?

¿Qué es idealizar? Básicamente consiste en engrandecer algo o a alguien más allá de sus características reales. Esto quiere decir que quien idealiza a otro sujeto le confiere un grado de perfección que, en realidad, no posee.

¿Por qué idealizamos?

La pregunta ¿por qué idealizamos? es fácil de responder.

A la hora de idealizar a una persona, lo que hacemos es cubrir nuestras propias necesidades con el sujeto y lo denominamos una especie de complemento perfecto. Aunque no soy muy fan de Sigmund Freud, he leído alguna vez una frase suya que encaja perfectamente en esta argumentación:

“el objeto (enamorado) es tratado como el propio yo del sujeto, que durante el enamoramiento traspasa al objeto una parte considerable de libido narcisista, donde se llega a evidenciar que el objeto sirve para substituir un ideal propio y no alcanzado del Yo”.

Ahí lo dejo.

El idealizar una persona al final nos hace sentir más completos, más felices y nos deja creer que el estar con esa persona tiene más sentido.

Y justo ahí está la razón principal, por qué las mujeres idealizamos más que los hombres (no todos/todas, pero si la mayoría). Por nuestra neurobiología, nuestra empatía y por parte también por nuestro aprendizaje sociocultural, nosotras le damos mucha más importancia al romanticismo. Deseamos más que una relación o convivencia sensata y en el fondo anhelamos encontrar a nuestra alma gemela, la persona que cumple con todo lo que siempre quisimos. ¿Por qué? Porque para nosotras todo va conectado.

¿Cuál es el problema? – La desilusión.

A la hora de darnos cuenta de que alguien no cumple con nuestras expectativas, la desilusión tanto como la frustración es enorme. Yo diría que es tan grande, que igual es bastante difícil de recuperarnos.  Por experiencia propia.

Para que esto no nos suceda, tenemos que aprender, ser más realistas, más objetivas, más racionales. La vida no es un cuento de hadas y las relaciones no son una canción de amor. Seamos sinceras: ¿Cuáles son las probabilidades de que la persona que tenemos delante es perfecta? ¿Qué nunca nos hará daño o qué jamás hará algo, que no nos convenga o nos guste?

La cosa no va de acusaciones ni negatividad.

Va de ser honesto con uno mismo, aunque a veces creo que es lo que más cuesta en este mundo.

¿Yo soy perfecta? ¿Acaso reúno todas esas cualidades que mi pareja siempre ha querido? ¿Si antes de conocerme, alguien le hubiese hacer dibujar a la mujer de sus sueños con toda su personalidad, hubiera salido yo, con todas mis imperfecciones? No lo sé, pero lo dudo mucho. En fin…

¿Entonces? No se puede tapar el sol con un dedo. Nos conviene más VIVIR en la realidad, DISFRUTAR del ahora, REÍR en vez de sufrir y SENTIR en vez de idealizar.

¿Por qué las mujeres siempre nos comemos el coco?

Vamos a ser honestas, chicas. Nosotras tendemos a darle mil vueltas a absolutamente todo. Lo que han dicho, lo que no han dicho. Lo que ocurrió en aquel entonces y el mensaje subliminar que nos quiso dar el universo… Jajajaja…  ¿Pero por qué? ¿Por qué nos complicamos tanto la vida y por qué los hombres no lo suelen hacer? ¿Por qué las mujeres siempre nos comemos el coco?

Para el solo era una noche y yo aún sigo pensando en el

Hace poco una amiga me estuvo comentando que sigue pensando en aquel chico que conoció en una barbacoa de amigos. Lo típico: Los dos se vieron, se gustaron y terminaron en la cama. Al día siguiente ella se fue a su casa y el rollito acabó, pero no para su cabeza.

“Para el solo era una noche y yo aún sigo pensándolo después de semanas” me confesó. “Si acaso ese tío malgastó un pensamiento en mí, será al día siguiente en la ducha…” – me eché a reír y sí, le di la razón.  

Conexiones cerebrales

Una de las razones más científicas es la  diferencia cerebral entre hombres y mujeres. Si, nuestros cerebros son y funcionan de manera distinta. En el cerebro de los hombres, la información está separada en segmentos que no mantienen relación entre sí. Es decir: cada cosa que ven, escuchan, aprenden, experimentan, va por si sola en una especie de cajita. El caso de las mujeres es muy distinto. El cerebro femenino enlaza las informaciones con las emociones y recuerdos.

Un artículo muy interesante respecto a otras similitudes y diferencias cerebrales lo puedes leer aquí.

Razones socioculturales

Aparte de las diferencias cerebrales, hormonales etc., nuestro día a día sociocultural también juega un papel importante. Las mujeres nos comunicamos mucho más con nuestros amigos sobre lo que nos ocurrió. Al compartirlo, abrimos el campo para opiniones, puntos de vista, consejos y critica. Todo eso le suma importancia a un simple hecho que un hombre quizás ni siquiera lo hubiera mencionado.

Reflexiona y reacciona

En fin. Si. Somos distintos. Lo importante es que estemos conscientes de ello a la hora de sentir y también a la hora de darle mil millones de vueltas a las cosas. Muchas veces (sobre todo si se trata de un tema que nos agobia) es más fácil restarle importancia al asunto, segmentar la información como lo hacen los chicos, cerrar el capítulo y punto.  

¿Un hombre puede ser feminista?

25 cosas que los hombres pueden hacer por el feminismo

En los últimos meses hemos visto muchas discusiones sobre el tema del aborto. En este contexto he  notado que muchos hombres ya ni se atreven dar su opinión al respecto porque temen los comentarios por parte de muchas mujeres que dicen claramente: “Si no tienes útero, no tienes derecho a opinar”.  

La verdad es que yo no estoy del todo de acuerdo. Pienso que todos los seres humanos debemos tener libertad de opinar, de apoyar la autodeterminación, de mostrar solidaridad con las luchas existentes. Con o sin útero. Lo único que no debería aceptar la sociedad, es que personas (de cualquier sexo) juzguen u obliguen a mujeres embarazadas actuar de una determinada forma contra su voluntad.

Un hombre puede ser feminista

Este asunto toca a un tema mayor: La pregunta si un hombre puede ser feminista.  

En teoría la respuesta es bastante fácil. Si el feminismo significa, que todos los seres humanos, independientemente de su sexo, deberían tener los mismos derechos y las mismas libertades, pues claro que todos podemos luchar por ello. Ahora bien. El feminismo no es un término protegido y la experiencia nos dice que muchos hombres empiezan a llamarse feminista ya solo por haber llevado a su hija una vez al futbol.

Luego hay los otros, ese tipo de chicos que dice: “¿Pero qué es lo que puedo hacer YO por el feminismo?”.

¡Hay muchísimo qué puedes hacer!

1. No distingues. Le libros de mujeres, ve películas de mujeres, escucha música de mujeres.

2. No vuelvas a decir jamás que las mujeres nunca han inventado nada importante. En cambio infórmate un poquito mejor…  

3. Nunca interrumpes a las mujeres (Sobre todo en el ámbito laboral. No te vas a creer cuantas veces nos ocurre que no nos quieren escuchar)

4. Interrumpe a los hombres que interrumpen a una mujer

5. Cree a las mujeres, cuando te hablan de sus experiencias. Hace poco se hizo viral un video de una mujer llevando un “vestido inteligente” que era capaz de contar las veces que se la tocó durante una noche de fiesta (aprox. 40 veces por hora). Los hombres que veían el video reaccionaron muy sorprendidos ante la cantidad de toques indeseados. Habernos hecho caso, ¿no? ¿Cuántas veces hemos dicho que nos tocan constantemente? ¿Tu nunca has extendido la mano por una chica que te gustó? Pues serás uno de los pocos…

6. No le des consejos a una mujer que no considerarías apropiados para un hombre.

7. No comentes sobre el cuerpo de una mujer (aunque tú consideres que un piropo siempre viene bien, te aseguro que NO ES APROPIADO) ni la toques en el ámbito profesional. Es completamente inacceptable y nos hace sentir incómodas . Lo mismo vale para el transporte público (no tenemos escapatoria) o para situaciones en las que la mujer aparentemente NO está interesada en una conversación (los auriculares son un buen indicador).

8. Si no te pidió tu opinión, no le digas a una mujer con el cabello corto o las uñas cortas que prefieres el pelo largo/las uñas largas. Tampoco tienes por qué comentarle a una chica que se arregla poco, que le vendría bien algo de maquillaje. Si no te preguntó, no te corresponde dar tu opinión sobre su físico.

9. Si ves a una mujer de noche caminando sola, no te acerques demasiado. Cambia de acera o mantén la distancia. De verdad.

10. Págale lo mismo a las mujeres que a los hombres.

11. Dale a tu hija lo mismo que le das a tu hijo. Ni más ni menos.

12. No le “ayudes” a tu pareja en el hogar. Haz la mitad y ya está. También es tu casa…

13. No des por hecho que tratas bien a las mujeres solo porque respetas a las mujeres de tu familia. Hay muchas mujeres ahí afuera con las que interactúas en tu día a día.

14. Siempre que no estés seguro de si estás diciendo o haciendo algo sexista, haz la prueba más simple que existe: Cambia los géneros en su cabeza. ¿De repente suena raro? Si sólo querías decir sobre una mujer que probablemente es tan pesada porque no tiene hijos, pregúntate si hubieras dicho lo mismo sobre un hombre.

15. Si decidís tener un bebé, no solo hagas lo que ella te pida. Tienes cabeza para pensar por tu cuenta. ¿Hay que lavar los baberos o las botellitas? No tienes que esperar hasta que se le ocurra a ella…

16. Nunca digas que empezaste a comprender la injusticia, desde que tienes una hija. Bueno… si te hace falta, dilo, pero en voz baja. Porque eso implica que jamás has intentado de hacerle caso a tu madre, tu novia, tu hermana o amigas…

17. Averigua un poco sobre la menstruación, el síndrome premenstrual, el embarazo, los anticonceptivos y el orgasmo femenino. Es impresionante lo poco que saben muchos hombres sobre estos temas…

18. Muchas mujeres sufren en su ámbito laboral acoso sexual. Por favor no lo subestimes y en cuanto veas este tipo de comportamiento, reacciona sin suponerle una carga adicional a la víctima.

19. No veas a las mujeres como representantes de una especie. Si no te gustó algún comentario feminista, no digas que por su culpa ya no puedes tomar en serio al feminismo. Eso no tiene sentido.

20. No llames nunca a una mujer “histérica”. Infórmate sobre el término antes de abrir la boca.

21. No te niegues a salir con mujeres, que ganan más dinero que tú. ¿Qué más da?

22. Si una mujer se queja o critica algo que no le gusta, no la llames hipersensible ni difícil. ¿Cómo hubieras reaccionado si fuese un hombre?

23. No te enfades ni te lo tomes como algo personal cuando mujeres hacen comentarios sobre hombres con mala conducta. Hay muchos ahí afuera y eso no implica que tú seas uno de ellos (bueno, eso espero).

24. Sé un ejemplo. Tanto para tus hijos y sobrinos, como también para tus amigos, colegas y hasta para tu padre. Una persona puede hacer mucho… CADA hombre tiene al menos un amigo raro que se pasa más de una vez. ¿Cuántas veces lo has pensado pero no has dicho nada? ¡Dile que su comportamiento es raro e inapropiado!

25. Agradécele a las feministas lo que hacen por este mundo. Este cambio no solo implica mejoras para la mujer. El hombre se libera poco a poco de la presión que tiene sobre sus hombros. Porque una cosa debe quedarle claro a todo el mundo: ¡En equipo somos mucho más fuertes!

¿Te ha gustado? Compártelo con tu hermano, amigo, primo o novio… Entre más chicos, mejor…

¿Por qué le encanta a esta generación mostrar el culo en las redes sociales?

Una cosa que nunca va a dejar de llamarme la atención es la cantidad de mujeres (sobre todo jovencillas) que no para de subir fotos de sus escotes o sus cuerpos en bikini a las redes sociales. ¿Por qué les gusta tanto?

Hace unos días salí de fiesta por Madrid con unas chicas entre 21 y 25 años y al ver que sobre todo se preocupaban por sus móviles, las selfies que se hacían y los “me gusta” que obtenían, les pregunté el por qué.

¿Por qué parecían darle tanta importancia a lo de sacarse fotos para las redes?

¿Por qué el móvil parecía más importante e interesante que la gente que tenía a su alrededor? 

Y al ver sus perfiles de Instagram ¿Por qué subían tantas fotos semidesnudas?

Quiero dejar claro que no quería ni quiero despreciar ni ridiculizar a nadie. Mi única intención es reflexionar junt@s y compartir con vosotr@s diferentes opiniones al respecto.

Porque me gusta mi cuerpo

De primeras las chicas me contestaron todas lo mismo:

“Porque me gusta mi cuerpo”.

Yo les comenté que también me gustaba el mío. Y mucho. “Me miro en el espejo y me encanta lo que veo… Somos unos pibones y lo sabemos. Vale. Pero yo no subo fotos posando en bikini o selfies delante del espejo y ustedes sí. Con toda la sinceridad del mundo, ¿por qué?”

Una de las chicas me llegó a decir que ella quería que los demás apreciasen su cuerpo bonito, porque se lo curraba mucho en el gimnasio. Después de asentir con la cabeza y pensarlo unos segundos, llegué a la conclusión: “Entonces no lo haces por ti y porque te gusta tu cuerpo. Quieres gustarle a los demás, ¿no? Que te respeten por tu disciplina y admiren tu figura”.

“Yo por mi parte quiero demostrarle al mundo mis curvas y darle envidia a las chicas que en su momento me han llamado gordita…” decía otra.

Una chica me contestó: “Creo que nosotras vemos las modelos y las Instagramer posando semidesnudas y con sus cuerpazos y queremos demostrar que nosotras podemos estar igual de guapas y buenas. Es una tontería pero de algún modo competimos con ellas… ”.

Todas sus respuestas me llevaban a la misma conclusión…

Las redes sociales son dañinas para nuestras relaciones

Aparte de los celos y las inseguridades que causan las redes para nuestras relaciones de pareja, también son responsables para la falta de comunicación y empatía en nuestras amistades. Muchas veces estamos tan distraídos con las novedades de Facebook e Instagram en nuestros móviles, que se nos escapa el detalle de la anécdota que nos está contando la amiga que tenemos delante, su ceño fruncido, su timbre de voz, sus gestos. ¿Y por qué nos interesa tanto? Los psicólogos lo llaman “fear of missing out” – el miedo de perdernos algo.

Las redes sociales son adictivas

Las redes sociales son más adictivas que el alcohol o el tabaco. Eso es lo que dice la universidad de Chicago y visto lo visto, tiene toda la razón del mundo. La gente hoy en día se pierde tanta vida social, tantas conversaciones, impresiones e interacciones por no despegar la mirada del móvil.

Las redes sociales nos perjudican y no somos conscientes

Quiero ser muy explícita: Creo que muchas chicas jóvenes no son conscientes que algún día no van a querer que todos sus compañer@s de trabajo las vean con el culo al aire posando en la playa. Ni sus clientes, ni sus superiores. Igual que los chicos no van a querer que los vean marcando abdominales o paquete (porque mis palabras valen para ambos sexos).

Pero aún más inquietante me resulta que tanta gente no parece consciente lo que implica estar tan pendiente de las redes y lo que dice sobre nosotros mismos. Dependemos de las opiniones de los demás, de los “me gusta” y de la cantidad de seguidores. Queremos dar envidia, parecer guay, entrar en competencia con las modelos, parecer más guapos e interesantes.

¿Qué dice eso sobre nosotros y nuestra autoestima?

Aparentamos para gustar, nos exhibimos para gustar aún más

Lo normal sería lo siguiente: Nos sacamos fotos y las subimos a Instagram Facebook para que nuestros amigos (reales) vean lo que estamos haciendo y con quien. Las redes sociales se inventaron para compartir nuestras experiencias, nuestros pensamientos y nuestras fotos con la gente que nos conoce. Nos ahorramos el acto de estar enviándole foto por foto a nuestra madre, nuestra amiga, nuestro primo etcétera y lo subimos todo con un clic.  

Empieza a cambiar la cosa, si es más importante que la gente ahí afuera sepa que estamos en un sitio guay, que disfrutar del mismo sin estar pendiente del móvil.

Empieza a cambiar, si ponemos nuestro perfil en público para llegar a más y más personas y compartimos fotos sensuales en vez de solo enviársela a nuestra pareja. ¿Esa foto se la habrías enviado a tu tía? ¿No? ¿Ni tampoco eres modelo de ropa interior ni te pagan por hacerle publicidad a Women´s Secret? ¿Entonces por qué piensas que deberías mostrar tu cuerpo delante de todo el mundo? ¿De qué te sirve?

El resumen de todas las respuestas obtenidas lleva a una conclusión: mostrar el culo o el escote significa más “me gusta”, más admiradores y eso hace que las dueñas de dichos atributos se sientan mejores, más guapas, más seguras de ellas mismas. Las hace olvidar que la sensualidad forma parte de la intimidad. Pero eso también implica una falta importante de autoestima. No es algo que solo dice una bloguera cualquiera si no una cantidad de psicólogos y especialistas – voy a daros un ejemplo de muchos: Según el estudio de una universidad holandesa, aquellas personas que se realizaban más selfies y se presentaban más seguras y sensuales en sus redes sociales que los demás, poseían una autoestima más baja. Necesitaban la aprobación de otra gente para sentirse atractivas y deseables y en la mayoría de los casos se trataba de personas que se sentía muy sola y le tenía miedo al abandono. Curioso, ¿no?

Bueno chic@s, espero no haber hecho daño a nadie porque de verdad no era mi intención. Lo que pasa es que siento cierta responsabilidad y quiero ayudar a reflexionar, hacer entender lo que dicen los psicólogos y lo que implica este tipo de comportamiento. Al final sois vosotr@s mism@s que decidís como presentaros y cómo actuar. Pero quiero dejaros un mensajito final: Tenéis muchísimo más que una envoltura bonita y no os hace falta en absoluto que algún idiota comente la forma de vuestras nalgas…

¿Amigos con derecho o amantes sin compromiso?

Sin celos, sin problemas y sobre todo sin exigencias – eso es exactamente lo que queremos si nos echamos un amigo con derecho a roce. Muchas veces nos lleva el simple deseo carnal y a veces es la falta de un poquito de “calorcito humano” como lo llamo yo… Pero siempre que tenemos ahí a alguien que dejó de ser un ligue de una noche pero tampoco es solo un amigo, tarde o temprano nos preguntaremos ¿pero esto qué es?

¿El amigo con derecho a roce existe?

Ya sé que mucha gente llama “amigo” a cualquiera. Pero un amigo realmente es una persona de confianza, alguien con el que mantenemos una amistad, que dejó de ser un conocido, que nos conoce y al que conocemos. Si me presentan a un chico o lo llego a conocer por Tinder  y en algún momento salimos o terminamos en la cama, no es un amigo ni mucho menos. Aparte de su nombre y algunos detalles superficiales sobre él y su vida no sé quién es, dónde están sus debilidades ni qué es lo que más le gusta. Es un ligue, un conocido, un amante o como lo quieras llamar pero no es un amigo.

Ahora bien. ¿Qué pasa si llegamos a salir y acostarnos con esta misma persona más veces y por a) o por b) nos seguimos cerrando a la idea de conocerla y quizás ver si en algún momento puede surgir algo más?

No queremos sentir nada por esa persona, ni complicarnos la vida con enfados ni celos, ¿verdad? Intentamos clasificarlo cómo amigo con derecho a roce o similar y trato cerrado. No hay exclusividad, no hay compromiso y nosotros seguimos con la seguridad que somos autosuficientes e independientes, que nada nos ata.

Pero qué bien nos sentimos, ¿no?

Pues el cuerpo y sobre todo el cerebro humano es un poquito más complejo de lo que a veces admitimos. Podemos intentar aferrarnos a  ciertas ideas y negar lo que ocurre en nuestro interior. Pero la verdad es que no somos un pedazo de carne  y siempre habrá una conexión entre nuestro cuerpo y lo que nos hacen sentir. Las personas con las que compartimos tiempo, sea en la cama o no, siempre dejarán un rastro, algo de ellos, y entre más tiempo pasemos juntos y más íntimo los momentos, más significativo lo que nos dejarán.

Queramos o no.

El que juega con el fuego…

Al final solo queda por decir lo que todos sabemos. El que juega con el fuego, corre el riesgo de quemarse. Y entre más tiempo pasas jugando, más alto será el riesgo de salir herid@ o herir. Los seres humanos no somos envolturas, cáscaras vacías (¡menos mal!) y tampoco deberíamos pretender serlo. 

Tengo 30 años y me encanta decirlo….

“En breve dejaras de ser joven” o “Lo divertido ya se acabó…” frases, que he escuchado más de una vez estos últimos meses. ¿Treinta y sin anillo en el dedo? ¿Treinta y sin saber dónde pasarás los próximos diez años? TREINTA. TREINTA. TREINTA. Una cifra que parece marcar la gran diferencia para tantas mujeres y que muchas temen cumplir como si implicase el final de su juventud. Algunas ya querían estar casadas y con hijos. Otras se imaginaron en un puestazo y siguen de becaria.

TREINTA. Uff… ¡y yo con estos pelos!

Psst… os contaré un secreto: No es para tanto. La verdad es que cumplir los treinta es lo más.

Tengo 30 años y me encanta decirlo. ¿Por qué?

Somos más sesssssssi qué nunca

Un chico una vez me dijo: “Qué edad más peligrosa” – me quedé un poco en blanco y le pregunté a qué se refería. “Pues las mujeres que rondan los treinta tienen un abanico que no veas. Son poderosas y vuelven locos a los hombres de 20 a 50…”. Me pareció uno de los piropos más gracioso y simpáticos que había escuchado nunca. Y lo mejor: ese hombre tenía toda la razón del mundo.  A los 30 hemos dejado de ser niñas pero aun no somos señoras. Somos atractivas, seguras y si nos da la gana, nos comemos el mundo entero…

No more drama

Hace unos días lo estuve hablando con una amiga que conozco desde hace muchísimos años. A los treinta todo parece más fácil, ¿no? Le damos menos importancia a las tonterías, ya no nos enfadamos con tanta facilidad y sobre todo: nos damos cuenta que muchas veces tampoco es para tanto.

¡Qué alivio!

Nos podemos permitir gustazos

Cuando recuerdo los tiempos de estudiante, admito que me la he pasado bien. Si. Pero seamos sinceras: ahora que trabajamos, nos podemos permitir cosas, que en su momento no podíamos. El bolso que tanto nos gusta, una escapadita con amigos y/o tu pareja o simplemente salir a cenar y de copas el fin de semana sin preocuparse por el examen el lunes. Estamos más libres a hacer que nos plazca y darnos esos gustazos que marcan la diferencia.

Somos conscientes

A los treinta años nos cuidamos, respetamos y queremos más que nunca. Somos conscientes de lo que tenemos y de lo que somos. ¡Y eso se nota!

Todos los “peros” y los “es que…” no valen la pena ni siquiera escucharlos, chicas. No hay presión ni hay obligación para nada.

El único deber que tenemos con este mundo, es ser buena con nosotras y los demás y nunca olvidarnos de ser feliz…

Así que si te toca cumplir los treinta años o ya los has cumplido, ¡disfrútalo!  Cómo todas las edades, hay que vivirla con ganas y a sabiendas que es una etapa maravillosa…

¿Se te ocurren más razones?  ¡Compártelas en un comentario!

Porque compartir es vivir…

¡Primero Yo! – La relación tóxica

Porque las relaciones tóxicas hieren en vez de curar, suprimen en vez de darte alas y te hacen llorar en vez de sonreir…

… Hoy comparto con vosotras la historia de mi amiga Belén. Una mujer que ha estado atrapada en una relación durante mucho tiempo…

Había regresado del sur hace unas horas, traía dos maletas; una de ropa y la otra llena de heridas en el alma, golpes en el corazón y maltratos de distintas maneras. Quería tirar la maleta al vacío y dejar que se hunda en lo más profundo del océano; ya no podía con tanta carga.

Tenía 10 kilos menos, la cara demacrada, se notaban mis huesos, todo lo que comía lo quería devolver, en algunas ocasiones me salía sangre de las encías. Juraría que me estaba muriendo lentamente. Dejé de ver a mis amigas, ya no me vestía como antes, no sonreía y la luz de mis ojos cada vez se opacaba más.

Aposté una y otra vez por mi relación por más que yo sabía la verdad, yo amé, yo me entregué, yo dejé todo por mi relación; aun sabiendo que me estaba hundiendo sola, aun sabiendo el huracán que se venía me quedaba ahí siempre contigo. ¿Qué pasó? ¿En qué momento el hilo de respeto, amor y confianza se rompió?

Estaba en la misma mierda, donde no existe paz, no hay luz, no puedes ni reír porque más puede la tristeza que la alegría, no creía poder salir de ahí, ya había tirado la toalla y me rendí, no me importaba nada, los días pasaban, la vida se me iba en cada amanecer y mi vida la robaste en un segundo; ya no existía ni para ti ni para mí.

Vinieron los golpes, las tapadas de moretones con mi sweater, nadie se daría cuenta de lo que estaba pasando, nadie al mirarme se daba cuenta que pedía a gritos que me ayuden, nadie sabía la pesadilla que vivía.

La última vez que nos vimos no sabías que te dejaría, la última noche que pasamos, el último beso, los últimos buenos días y el último hasta pronto; con todo el dolor que sentía yo me despedía de ti para siempre porque entendí que vine a ser feliz.

Fue un hasta nunca, un vuela alto y se feliz, ya sabía lo que se venía  por mi lado; noches, mañanas, días eternos pero lo logré. Ahora estoy más fuerte que nunca, he vuelto a sonreír, mis ojos volvieron a brillar, traigo muchas ganas de vivir el día a día, con buenas energías y una vez más preparada para lo que venga.

Me caí y me levanté, me volveré a caer muchas veces más pero ya sé por dónde caminar; ya sé por dónde ir y ahora sólo prometo no volver a callar algo así, prometo decir lo que siento y pienso, prometo amarme y respetarme, prometo disfrutar mis días y reír a carcajadas pero lo más importante prometo ser feliz.

                                                                                                                                                   BELUGENSO

Si queréis ver más de esta maravillosa mujer que dió el paso a compartir sus sentimientos con nosotras, echádle un vistazo a su perfil de Instagram.

¿Te ha gustado? También puedes leer mi artículo sobre el por qué el amor no duele.

Babum – la traducción de mi libro

Hace unos meses tomé la decisión de trabajar en la traducción de mi libro y por fin está hecho. La traducción está lista y ahora lo que me falta son unos pocos retoques, la corrección final y ya el inicio con la editorial. A ver qué tal me sale. ¿Queréis echarle un ojito a unas páginas y decirme que os parece? Pues vamos allá…

Extracto de Babum

III. ¡Deja de pensar y vive!

8.

¿Pero cómo es posible que el tiempo pase tan de prisa? Una pregunta que me hacía un montón de veces, sobre todo aquí en Madrid. El tiempo parecía arena corriendo entre mis dedos y como no era capaz de pararlo, intentaba concentrarme en las ganancias que obtuve a lo largo de las semanas y meses. Las experiencias, las impresiones, la gente…

Una de las personas más inspiradoras que he conocido, sin duda era Regina Capdevila, la chica cordobesa con la que compartí mesa en el AVE. Tenía tanta energía positiva, qué solo al mirarla, sentía  ganas de sonreír. Hace pocos años había decidido darle un cambio a su vida y montar su propio negocio. “Que quieres que te diga… no estaba feliz y sabía que tenía que cambiar algo… No tenía ni idea de nada… pero lo hice…” confesó y la verdad era que le había ido muy bien. Hoy en día no solo maquilla novias, que ya por sí es un trabajazo y lo hace con toda la pasión del mundo, también ofrece cursos de maquillaje y hasta trabaja en rodajes de grandes marcas, reportajes para revistas y mucho más. La admiraba tanto por su valentía y esa fuerza que hacía falta, al sacar adelante un proyecto nuevo, que me hacía reflexionar sobre mi misma.

¿Qué era lo que YO realmente quería? Siempre pensaba que lo más importante para mí era la estabilidad, tener una familia, un trabajo fijo y si era posible, todo lo antes posible, en tiempo record. Ahora me estaba dando cuenta, que me perdía lo más valioso: la vida. Me perdía mirar el cielo azul por un rato, respirar profundo y pensar en tonterías. Me perdía hacer cosas que me gustaban, por enfocar tanto las metas que yo misma me ponía en mí día a día. Me perdía sentirme viva, apasionada, completa. ¿A qué estás esperando, Cindy? ¿Vas a regresar a Alemania, entrar en una multinacional y dejar que todo suceda?

Dejar que las cosas sucedan… Mucha gente no era consciente de lo poco que tomaba las riendas de su vida y solo aceptaba que las cosas sucedan a su alrededor. Vida… otro termino o más bien un concepto indeterminado. Había algunos, para los que la vida significaba levantarse todos los días y sobrevivir, trabajar, preocupaciones, dormir y poco más. Pero la vida era muchísimo más que eso. Era levantarse con una sonrisa al escuchar cantar los pájaros o sentir los primeros rallos de sol. Era pasear por las calles, escuchando sus canciones favoritas. Era estar consciente de lo privilegiados que estábamos por tenerlo todo. Era sentir agradecimiento y amor.

En las pocas semanas que conocía a Rico, me di cuenta de que me faltaba algo esencial en mi vida. Rico… que difícil se me iba hacer olvidarlo… Desde nuestra vuelta de Córdoba y nuestro encuentro de fiesta, lo notaba aún más cercano. La pasión incondicional que sentíamos el uno por el otro, fue… digamos… complementado por un cauteloso cariño. Ambos sabíamos, que todo era pasajero, que en pocas semanas me iba a regresar y probablemente no nos íbamos a ver nunca más. Sin embargo o quizás precisamente por eso intentábamos disfrutar sin darle tantas vueltas a las cosas. Total… la vida era demasiado corta, ¿no?

“¿Quieres venirte a Barcelona? La semana que viene estaré ahí unos días y… no se… podrías” ni lo dejé terminar la frase.

“Vale, voy”.

Valientes o no, todos los tenemos: Miedos

Yo siempre creí que era una chica valiente y con una autoestima bastante alta. “Si yo puedo con todo”, solía decir. Cuando entré en un círculo de mujeres, empecé a comprender el significado de lo que llamamos consciencia. Y no. No era tan valiente como siempre pensaba…

Nadie lo sabía…

Quiero contaros una cosita sobre mí. En 2015 estuve pasando por unos momentos un poco difíciles (tanto a nivel profesional como a nivel privado) y decidí escribir un libro. “Uff… otra chica más en búsqueda del protagonismo” pensará alguno de vosotros. Pero la verdad es que ni siquiera se lo conté a mi propia mamá ni a mi mejor amiga.  Escribí Babum para mí. Para mí solita. Después de haberlo terminado y tener un poco más de claridad sobre lo que realmente quería, diseñé la portada y pensé “Pues nada… ya que está, lo publicas, ¿no?”. Lo hice bajo un seudónimo y seguí sin contárselo a nadie. El tiempo pasó y empezaron a entrarme correos de mujeres que habían leído mi libro y se sentían identificadas conmigo y mi historia. “¿Cuándo sacarás la segunda parte?” me preguntaban y decidí hacerlo, escribí la segunda parte de “Babum”.

Reflexionar no es tan fácil

El año pasado quedé con mi amiga Regina para tomar unas cañas y ella me comentó algo sobre ese grupito maravilloso de mujeres, que compartían el sueño de empoderarse mutuamente. “Qué bonito” pensé. “Quizás podré aportar algo bueno” y claro que entré.

Creo que esta decisión ha sido una de las mejores que he tomado en mi vida y tengo que admitir que en vez de haber aportado siento que he recibido muchísimo de las mujeres que forman parte de este movimiento. La fase inicial consiste en quemar sus miedos, lo que implica una profunda reflexión.

“Pero… ¡Si yo no tengo miedos!” ¿Ah no?

Si realmente era tan valiente… ¿Por qué no le había contado a nadie lo de mi libro? No lo sabía y la verdad era que nunca me lo había preguntado. ¿Cómo podía ser que no cuestionaba más mi comportamiento al respecto? En fin. Tras alguna que otra reflexión descubrí que mis miedos principales eran los miedos de ser juzgada y de fracasar. Si nadie sabía que había escrito un libro, nunca se iban a enterar si resultaba ser una mier**, ¿no? Pero si tanto temía el fracaso, ¿Qué decía eso sobre mí? Si no era capaz de tragarme algunos comentarios burleteros, ¿no implicaba una falta de seguridad?

Miedos

Lo que no debemos olvidar es que los miedos al final no son nada más que una idea en nuestra cabeza, algo irreal que nunca ha ocurrido y probablemente no va a ocurrir. Y aun así muchas veces les damos muchísimo más poder de lo que deberíamos, por falta de consciencia, falta de reflexión. Yo por mi parte he tomado la decisión de olvidarme de mis miedos y quemarlos de verdad. Le dí mi libro a mi madre, mi tía y a mis mejores amigas (probablemente el paso más difícil para mí). Además he abierto una cuenta de Instagram hace unos meses y la semana pasada he terminado la traducción de Babum al castellano (!!!).

Al final todo está saliendo cómo debía salir… Mi historia le está llegando a un montón de mujeres y si al final consigo que algunas de ellas no cometan los mismos errores que yo y le hagan más caso a su corazón, pues… me compensará por todos los comentarios o las críticas que podrían llegar… (o no… 😉 )