¿Amigos con derecho o amantes sin compromiso?

Sin celos, sin problemas y sobre todo sin exigencias – eso es exactamente lo que queremos si nos echamos un amigo con derecho a roce. Muchas veces nos lleva el simple deseo carnal y a veces es la falta de un poquito de “calorcito humano” como lo llamo yo… Pero siempre que tenemos ahí a alguien que dejó de ser un ligue de una noche pero tampoco es solo un amigo, tarde o temprano nos preguntaremos ¿pero esto qué es?

¿El amigo con derecho a roce existe?

Ya sé que mucha gente llama “amigo” a cualquiera. Pero un amigo realmente es una persona de confianza, alguien con el que mantenemos una amistad, que dejó de ser un conocido, que nos conoce y al que conocemos. Si me presentan a un chico o lo llego a conocer por Tinder  y en algún momento salimos o terminamos en la cama, no es un amigo ni mucho menos. Aparte de su nombre y algunos detalles superficiales sobre él y su vida no sé quién es, dónde están sus debilidades ni qué es lo que más le gusta. Es un ligue, un conocido, un amante o como lo quieras llamar pero no es un amigo.

Ahora bien. ¿Qué pasa si llegamos a salir y acostarnos con esta misma persona más veces y por a) o por b) nos seguimos cerrando a la idea de conocerla y quizás ver si en algún momento puede surgir algo más?

No queremos sentir nada por esa persona, ni complicarnos la vida con enfados ni celos, ¿verdad? Intentamos clasificarlo cómo amigo con derecho a roce o similar y trato cerrado. No hay exclusividad, no hay compromiso y nosotros seguimos con la seguridad que somos autosuficientes e independientes, que nada nos ata.

Pero qué bien nos sentimos, ¿no?

Pues el cuerpo y sobre todo el cerebro humano es un poquito más complejo de lo que a veces admitimos. Podemos intentar aferrarnos a  ciertas ideas y negar lo que ocurre en nuestro interior. Pero la verdad es que no somos un pedazo de carne  y siempre habrá una conexión entre nuestro cuerpo y lo que nos hacen sentir. Las personas con las que compartimos tiempo, sea en la cama o no, siempre dejarán un rastro, algo de ellos, y entre más tiempo pasemos juntos y más íntimo los momentos, más significativo lo que nos dejarán.

Queramos o no.

El que juega con el fuego…

Al final solo queda por decir lo que todos sabemos. El que juega con el fuego, corre el riesgo de quemarse. Y entre más tiempo pasas jugando, más alto será el riesgo de salir herid@ o herir. Los seres humanos no somos envolturas, cáscaras vacías (¡menos mal!) y tampoco deberíamos pretender serlo.