¿Un hombre puede ser feminista?

25 cosas que los hombres pueden hacer por el feminismo

En los últimos meses hemos visto muchas discusiones sobre el tema del aborto. En este contexto he  notado que muchos hombres ya ni se atreven dar su opinión al respecto porque temen los comentarios por parte de muchas mujeres que dicen claramente: “Si no tienes útero, no tienes derecho a opinar”.  

La verdad es que yo no estoy del todo de acuerdo. Pienso que todos los seres humanos debemos tener libertad de opinar, de apoyar la autodeterminación, de mostrar solidaridad con las luchas existentes. Con o sin útero. Lo único que no debería aceptar la sociedad, es que personas (de cualquier sexo) juzguen u obliguen a mujeres embarazadas actuar de una determinada forma contra su voluntad.

Un hombre puede ser feminista

Este asunto toca a un tema mayor: La pregunta si un hombre puede ser feminista.  

En teoría la respuesta es bastante fácil. Si el feminismo significa, que todos los seres humanos, independientemente de su sexo, deberían tener los mismos derechos y las mismas libertades, pues claro que todos podemos luchar por ello. Ahora bien. El feminismo no es un término protegido y la experiencia nos dice que muchos hombres empiezan a llamarse feminista ya solo por haber llevado a su hija una vez al futbol.

Luego hay los otros, ese tipo de chicos que dice: “¿Pero qué es lo que puedo hacer YO por el feminismo?”.

¡Hay muchísimo qué puedes hacer!

1. No distingues. Le libros de mujeres, ve películas de mujeres, escucha música de mujeres.

2. No vuelvas a decir jamás que las mujeres nunca han inventado nada importante. En cambio infórmate un poquito mejor…  

3. Nunca interrumpes a las mujeres (Sobre todo en el ámbito laboral. No te vas a creer cuantas veces nos ocurre que no nos quieren escuchar)

4. Interrumpe a los hombres que interrumpen a una mujer

5. Cree a las mujeres, cuando te hablan de sus experiencias. Hace poco se hizo viral un video de una mujer llevando un “vestido inteligente” que era capaz de contar las veces que se la tocó durante una noche de fiesta (aprox. 40 veces por hora). Los hombres que veían el video reaccionaron muy sorprendidos ante la cantidad de toques indeseados. Habernos hecho caso, ¿no? ¿Cuántas veces hemos dicho que nos tocan constantemente? ¿Tu nunca has extendido la mano por una chica que te gustó? Pues serás uno de los pocos…

6. No le des consejos a una mujer que no considerarías apropiados para un hombre.

7. No comentes sobre el cuerpo de una mujer (aunque tú consideres que un piropo siempre viene bien, te aseguro que NO ES APROPIADO) ni la toques en el ámbito profesional. Es completamente inacceptable y nos hace sentir incómodas . Lo mismo vale para el transporte público (no tenemos escapatoria) o para situaciones en las que la mujer aparentemente NO está interesada en una conversación (los auriculares son un buen indicador).

8. Si no te pidió tu opinión, no le digas a una mujer con el cabello corto o las uñas cortas que prefieres el pelo largo/las uñas largas. Tampoco tienes por qué comentarle a una chica que se arregla poco, que le vendría bien algo de maquillaje. Si no te preguntó, no te corresponde dar tu opinión sobre su físico.

9. Si ves a una mujer de noche caminando sola, no te acerques demasiado. Cambia de acera o mantén la distancia. De verdad.

10. Págale lo mismo a las mujeres que a los hombres.

11. Dale a tu hija lo mismo que le das a tu hijo. Ni más ni menos.

12. No le “ayudes” a tu pareja en el hogar. Haz la mitad y ya está. También es tu casa…

13. No des por hecho que tratas bien a las mujeres solo porque respetas a las mujeres de tu familia. Hay muchas mujeres ahí afuera con las que interactúas en tu día a día.

14. Siempre que no estés seguro de si estás diciendo o haciendo algo sexista, haz la prueba más simple que existe: Cambia los géneros en su cabeza. ¿De repente suena raro? Si sólo querías decir sobre una mujer que probablemente es tan pesada porque no tiene hijos, pregúntate si hubieras dicho lo mismo sobre un hombre.

15. Si decidís tener un bebé, no solo hagas lo que ella te pida. Tienes cabeza para pensar por tu cuenta. ¿Hay que lavar los baberos o las botellitas? No tienes que esperar hasta que se le ocurra a ella…

16. Nunca digas que empezaste a comprender la injusticia, desde que tienes una hija. Bueno… si te hace falta, dilo, pero en voz baja. Porque eso implica que jamás has intentado de hacerle caso a tu madre, tu novia, tu hermana o amigas…

17. Averigua un poco sobre la menstruación, el síndrome premenstrual, el embarazo, los anticonceptivos y el orgasmo femenino. Es impresionante lo poco que saben muchos hombres sobre estos temas…

18. Muchas mujeres sufren en su ámbito laboral acoso sexual. Por favor no lo subestimes y en cuanto veas este tipo de comportamiento, reacciona sin suponerle una carga adicional a la víctima.

19. No veas a las mujeres como representantes de una especie. Si no te gustó algún comentario feminista, no digas que por su culpa ya no puedes tomar en serio al feminismo. Eso no tiene sentido.

20. No llames nunca a una mujer “histérica”. Infórmate sobre el término antes de abrir la boca.

21. No te niegues a salir con mujeres, que ganan más dinero que tú. ¿Qué más da?

22. Si una mujer se queja o critica algo que no le gusta, no la llames hipersensible ni difícil. ¿Cómo hubieras reaccionado si fuese un hombre?

23. No te enfades ni te lo tomes como algo personal cuando mujeres hacen comentarios sobre hombres con mala conducta. Hay muchos ahí afuera y eso no implica que tú seas uno de ellos (bueno, eso espero).

24. Sé un ejemplo. Tanto para tus hijos y sobrinos, como también para tus amigos, colegas y hasta para tu padre. Una persona puede hacer mucho… CADA hombre tiene al menos un amigo raro que se pasa más de una vez. ¿Cuántas veces lo has pensado pero no has dicho nada? ¡Dile que su comportamiento es raro e inapropiado!

25. Agradécele a las feministas lo que hacen por este mundo. Este cambio no solo implica mejoras para la mujer. El hombre se libera poco a poco de la presión que tiene sobre sus hombros. Porque una cosa debe quedarle claro a todo el mundo: ¡En equipo somos mucho más fuertes!

¿Te ha gustado? Compártelo con tu hermano, amigo, primo o novio… Entre más chicos, mejor…

¿Por qué le encanta a esta generación mostrar el culo en las redes sociales?

Una cosa que nunca va a dejar de llamarme la atención es la cantidad de mujeres (sobre todo jovencillas) que no para de subir fotos de sus escotes o sus cuerpos en bikini a las redes sociales. ¿Por qué les gusta tanto?

Hace unos días salí de fiesta por Madrid con unas chicas entre 21 y 25 años y al ver que sobre todo se preocupaban por sus móviles, las selfies que se hacían y los “me gusta” que obtenían, les pregunté el por qué.

¿Por qué parecían darle tanta importancia a lo de sacarse fotos para las redes?

¿Por qué el móvil parecía más importante e interesante que la gente que tenía a su alrededor? 

Y al ver sus perfiles de Instagram ¿Por qué subían tantas fotos semidesnudas?

Quiero dejar claro que no quería ni quiero despreciar ni ridiculizar a nadie. Mi única intención es reflexionar junt@s y compartir con vosotr@s diferentes opiniones al respecto.

Porque me gusta mi cuerpo

De primeras las chicas me contestaron todas lo mismo:

“Porque me gusta mi cuerpo”.

Yo les comenté que también me gustaba el mío. Y mucho. “Me miro en el espejo y me encanta lo que veo… Somos unos pibones y lo sabemos. Vale. Pero yo no subo fotos posando en bikini o selfies delante del espejo y ustedes sí. Con toda la sinceridad del mundo, ¿por qué?”

Una de las chicas me llegó a decir que ella quería que los demás apreciasen su cuerpo bonito, porque se lo curraba mucho en el gimnasio. Después de asentir con la cabeza y pensarlo unos segundos, llegué a la conclusión: “Entonces no lo haces por ti y porque te gusta tu cuerpo. Quieres gustarle a los demás, ¿no? Que te respeten por tu disciplina y admiren tu figura”.

“Yo por mi parte quiero demostrarle al mundo mis curvas y darle envidia a las chicas que en su momento me han llamado gordita…” decía otra.

Una chica me contestó: “Creo que nosotras vemos las modelos y las Instagramer posando semidesnudas y con sus cuerpazos y queremos demostrar que nosotras podemos estar igual de guapas y buenas. Es una tontería pero de algún modo competimos con ellas… ”.

Todas sus respuestas me llevaban a la misma conclusión…

Las redes sociales son dañinas para nuestras relaciones

Aparte de los celos y las inseguridades que causan las redes para nuestras relaciones de pareja, también son responsables para la falta de comunicación y empatía en nuestras amistades. Muchas veces estamos tan distraídos con las novedades de Facebook e Instagram en nuestros móviles, que se nos escapa el detalle de la anécdota que nos está contando la amiga que tenemos delante, su ceño fruncido, su timbre de voz, sus gestos. ¿Y por qué nos interesa tanto? Los psicólogos lo llaman “fear of missing out” – el miedo de perdernos algo.

Las redes sociales son adictivas

Las redes sociales son más adictivas que el alcohol o el tabaco. Eso es lo que dice la universidad de Chicago y visto lo visto, tiene toda la razón del mundo. La gente hoy en día se pierde tanta vida social, tantas conversaciones, impresiones e interacciones por no despegar la mirada del móvil.

Las redes sociales nos perjudican y no somos conscientes

Quiero ser muy explícita: Creo que muchas chicas jóvenes no son conscientes que algún día no van a querer que todos sus compañer@s de trabajo las vean con el culo al aire posando en la playa. Ni sus clientes, ni sus superiores. Igual que los chicos no van a querer que los vean marcando abdominales o paquete (porque mis palabras valen para ambos sexos).

Pero aún más inquietante me resulta que tanta gente no parece consciente lo que implica estar tan pendiente de las redes y lo que dice sobre nosotros mismos. Dependemos de las opiniones de los demás, de los “me gusta” y de la cantidad de seguidores. Queremos dar envidia, parecer guay, entrar en competencia con las modelos, parecer más guapos e interesantes.

¿Qué dice eso sobre nosotros y nuestra autoestima?

Aparentamos para gustar, nos exhibimos para gustar aún más

Lo normal sería lo siguiente: Nos sacamos fotos y las subimos a Instagram Facebook para que nuestros amigos (reales) vean lo que estamos haciendo y con quien. Las redes sociales se inventaron para compartir nuestras experiencias, nuestros pensamientos y nuestras fotos con la gente que nos conoce. Nos ahorramos el acto de estar enviándole foto por foto a nuestra madre, nuestra amiga, nuestro primo etcétera y lo subimos todo con un clic.  

Empieza a cambiar la cosa, si es más importante que la gente ahí afuera sepa que estamos en un sitio guay, que disfrutar del mismo sin estar pendiente del móvil.

Empieza a cambiar, si ponemos nuestro perfil en público para llegar a más y más personas y compartimos fotos sensuales en vez de solo enviársela a nuestra pareja. ¿Esa foto se la habrías enviado a tu tía? ¿No? ¿Ni tampoco eres modelo de ropa interior ni te pagan por hacerle publicidad a Women´s Secret? ¿Entonces por qué piensas que deberías mostrar tu cuerpo delante de todo el mundo? ¿De qué te sirve?

El resumen de todas las respuestas obtenidas lleva a una conclusión: mostrar el culo o el escote significa más “me gusta”, más admiradores y eso hace que las dueñas de dichos atributos se sientan mejores, más guapas, más seguras de ellas mismas. Las hace olvidar que la sensualidad forma parte de la intimidad. Pero eso también implica una falta importante de autoestima. No es algo que solo dice una bloguera cualquiera si no una cantidad de psicólogos y especialistas – voy a daros un ejemplo de muchos: Según el estudio de una universidad holandesa, aquellas personas que se realizaban más selfies y se presentaban más seguras y sensuales en sus redes sociales que los demás, poseían una autoestima más baja. Necesitaban la aprobación de otra gente para sentirse atractivas y deseables y en la mayoría de los casos se trataba de personas que se sentía muy sola y le tenía miedo al abandono. Curioso, ¿no?

Bueno chic@s, espero no haber hecho daño a nadie porque de verdad no era mi intención. Lo que pasa es que siento cierta responsabilidad y quiero ayudar a reflexionar, hacer entender lo que dicen los psicólogos y lo que implica este tipo de comportamiento. Al final sois vosotr@s mism@s que decidís como presentaros y cómo actuar. Pero quiero dejaros un mensajito final: Tenéis muchísimo más que una envoltura bonita y no os hace falta en absoluto que algún idiota comente la forma de vuestras nalgas…

¿Amigos con derecho o amantes sin compromiso?

Sin celos, sin problemas y sobre todo sin exigencias – eso es exactamente lo que queremos si nos echamos un amigo con derecho a roce. Muchas veces nos lleva el simple deseo carnal y a veces es la falta de un poquito de “calorcito humano” como lo llamo yo… Pero siempre que tenemos ahí a alguien que dejó de ser un ligue de una noche pero tampoco es solo un amigo, tarde o temprano nos preguntaremos ¿pero esto qué es?

¿El amigo con derecho a roce existe?

Ya sé que mucha gente llama “amigo” a cualquiera. Pero un amigo realmente es una persona de confianza, alguien con el que mantenemos una amistad, que dejó de ser un conocido, que nos conoce y al que conocemos. Si me presentan a un chico o lo llego a conocer por Tinder  y en algún momento salimos o terminamos en la cama, no es un amigo ni mucho menos. Aparte de su nombre y algunos detalles superficiales sobre él y su vida no sé quién es, dónde están sus debilidades ni qué es lo que más le gusta. Es un ligue, un conocido, un amante o como lo quieras llamar pero no es un amigo.

Ahora bien. ¿Qué pasa si llegamos a salir y acostarnos con esta misma persona más veces y por a) o por b) nos seguimos cerrando a la idea de conocerla y quizás ver si en algún momento puede surgir algo más?

No queremos sentir nada por esa persona, ni complicarnos la vida con enfados ni celos, ¿verdad? Intentamos clasificarlo cómo amigo con derecho a roce o similar y trato cerrado. No hay exclusividad, no hay compromiso y nosotros seguimos con la seguridad que somos autosuficientes e independientes, que nada nos ata.

Pero qué bien nos sentimos, ¿no?

Pues el cuerpo y sobre todo el cerebro humano es un poquito más complejo de lo que a veces admitimos. Podemos intentar aferrarnos a  ciertas ideas y negar lo que ocurre en nuestro interior. Pero la verdad es que no somos un pedazo de carne  y siempre habrá una conexión entre nuestro cuerpo y lo que nos hacen sentir. Las personas con las que compartimos tiempo, sea en la cama o no, siempre dejarán un rastro, algo de ellos, y entre más tiempo pasemos juntos y más íntimo los momentos, más significativo lo que nos dejarán.

Queramos o no.

El que juega con el fuego…

Al final solo queda por decir lo que todos sabemos. El que juega con el fuego, corre el riesgo de quemarse. Y entre más tiempo pasas jugando, más alto será el riesgo de salir herid@ o herir. Los seres humanos no somos envolturas, cáscaras vacías (¡menos mal!) y tampoco deberíamos pretender serlo.