Soy único, ¿y tú?

“No, no soy como los demás” – “Soy algo especial” – algo, que todos hemos escuchado alguna vez y bueno… que quizás la mayoría de nosotros también hemos dicho alguna vez. Cada uno de nosotros quiere ser algo especial, hacer algo diferente a lo que hacen los demás. ¿Pero por qué? ¿De dónde viene eso de querer distinguirse?  

Presión social

Si no somos mejores, más rápidos o más creativos que los demás, no avanzaremos. O al menos eso es lo que pensamos. En un mundo en el que casi todo el mundo tiene un título, conocimientos de idiomas y experiencia en diferentes ámbitos, tenemos que intentar destacar de alguna manera. La competitividad de nuestra sociedad es literalmente tangible. Tanto en el sector profesional como en privado. ¿Quién tiene los mejores hobbies? ¿Quién hace más deporte? ¿Quién conoce los sitios más cool y quién tiene el mayor número de ligues? A la gente le encanta competir con los demás, no es por nada que hay tantas competiciones. 

Un poco egocéntricos…

Si no queremos ser el mejor atleta de nuestro año o el empresario más exitoso de nuestro círculo de amigos, al menos no queremos perdernos en la uniformidad de nuestra sociedad, ¿verdad? Por supuesto que no. Al final todos somos un poco egocéntricos… Lo que a veces olvidamos: Hay más de 7.600 millones de personas en este mundo. ¿Cual es la probabilidad de que nadie haga, piense o sufra las mismas cosas que nosotros? Además, se supone que cada uno de nosotros tenemos de seis a siete dobles, ¿no?

El ser humano es mucho menos único de lo que cree…  

¿Qué más da?

Concentrémonos menos en lo que nos distingue de los demás, en lo que nos hace mejores o peores. No tenemos que compararnos con la gente que nos rodea. ¡Al contrario! El querer ser algo especial sale de nuestro ego y no nos lleva a ningún sitio. Si, en cambio, enfocamos nuestra energía en ser felices y hacer lo que realmente queremos hacer, progresaremos mucho más…