¡La vida es un carnaval! – Relato

“¡Mierda! ¡Que tarde!” Dejé la chaqueta encima del sofá de cuero oscuro y cogí el teléfono. Mientras marcaba su número, murmuraba en voz baja: “Esta vez tiene que funcionar…” – sonó el tono de llamada, nada. Con un suspiro dejé el teléfono entre oreja y hombro, aflojé un poco mi corbata y me serví un vaso de agua.

 Nelly, mi “casi” conquista de la semana pasada, no contestaba el teléfono. Lo llevaba intentando desde hace tres días y casi había perdido la esperanza… – “¿Hola?” – escuché decir una voz suave. “¿Hola? ¿Nelly? ¡Es Will! Quiero decir, Wilfried… ¿te acuerdas? Nos conocimos en la playa el sábado y…” – “Um… Yo… No soy Nelly” – me interrumpió cuidadosamente. No. Esa voz no pertenecía a Nelly. Nelly había sido descarada y graciosa. Ella había estado coqueteando con los camareros en el bar de la playa y me había vuelto loco a los pocos minutos con su risa y su profundo escote. Esa voz suave e insegura que acabo de escuchar, no tenía nada que ver con la mujer que yo quería volver a ver. “Lo siento, supongo que me equivoqué” – “No, no lo hiciste. Nelly… este es su número… pero no está en casa -respondió la voz-. Asentí en silencio como si la persona al otro lado de la línea pudiera verme. “Um… pero puedes dejarle un mensaje si quieres.” – Agité la cabeza – “Eso no será necesario. Lo intentaré de nuevo más tarde… cómo…. ¿cómo te llamas?” – “Soy María”. Asentí con la cabeza. “¡Gracias María! Te llamaré más tarde.” 

Colgué el teléfono, me quité la corbata y la camisa. Hacía tanto calor que me moría de ganas de darme una ducha fría después de este largo y duro día de trabajo. Me hubiera encantado recoger a Nelly y salir a cenar con ella. ¡Podría haberla llevado a cualquier sitio! Todos los restaurantes de la ciudad siempre tenían una mesa reservada para mí. ¡Al menos los buenos! Como empresario europeo en Caracas, siempre era un cliente bienvenido en todas partes. Sobre todo si te consideraban un amante de la buena cocina y del vino caro. Cuando tenía 18 años y me vine a Venezuela, no tenía nada. En Alemania me habían dicho que era un “vago”, un “soñador”, pero eso no me importaba en absoluto. Una de esas noches que mi padre se ha vuelto a pasar, simplemente empaqué mis cosas y me subí el próximo barco hacia Sudamérica, sin la menor idea de lo que me esperaba y sin despedirme de nadie. Pero aun así me atreví. Y ahora… Han pasado 20 años y nunca me he arrepentido.

Disfruté del agua cayendo sobre mis hombros y cerré los ojos. Probablemente el mejor momento de este día.

Una hora más tarde estaba de vuelta en mi sala de estar, la única habitación de mi apartamento con una temperatura razonablemente soportable. Cogí el teléfono y volví a marcar el número de Nelly.

 “¿Hola?” – “¡Hola, María! ¡Fuiste rápida esta vez!” – “¡Dijiste que llamarías de nuevo!” – “Así que… ¿estabas esperando mi llamada?” – “Um… Yo… ¡eso creo!” – Sonreí ante el tono avergonzado de su voz. “Nelly aún no está en casa, señor Wilfried”. “Por favor, llámeme Will”. – “De acuerdo. Nelly aún no está en casa, Will. ¿Quiere que le deje un mensaje?” – Me lo pensé por un momento. “Es muy amable de tu parte, María. ¿Por qué no le dices que me gustaría llevarla a almorzar mañana? ¿Sabes si tiene tiempo?”. “No lo creo… Will. Nelly y yo tenemos clase. Mañana un curso hasta las 2:00 de la tarde” – “¿Ah, sí? ¿Qué están estudiando?” – “Periodismo, señor…” – Interesante… Así que Nelly estudiaba periodismo. Jugaría con ventaja si pudiera investigar a algún autor que le guste… A ver qué se me ocurría… “Entonces, señor” – “Soy Will” – “Oh… ¡Disculpa!” – La inseguridad de María literalmente se arrastró a través del receptor y me pinchó el lóbulo de la oreja. ¡Sé educado! – Me decía a mí mismo. “Periodismo… qué bien. ¿Y? ¿Te gusta?” – “Creo que sí… pero desafortunadamente no es una profesión con muchas perspectivas. Especialmente con respecto a los acontecimientos en nuestro país…” – “¿Ah sí? ¿A qué te refieres?” “Bueno, si lo que dicen algunos economistas es cierto, un día el comunismo volverá a tocar a nuestra puerta… Y la experiencia ha demostrado que todos los extremos siempre van de la mano con el peor enemigo del periodismo…  la censura…” – Estaba sorprendido. Esta chica, a pesar de su edad, parecía tener muy claro de lo que estaba hablando… Pero además de eso, también me había fijado de otra cosa: “María, ¿sabes cantar?” – “¿Perdón, señor… quiero decir Will?” – Me reí: “¡¿SI sabes cantaaaar?! Tienes una voz muy bonita…”. La escuché entrar en silencio y me pregunté si quizás había ido demasiado lejos. “¡Yo… soy músico! Así que… Espera un minuto. Te llevo a mi piano…” Desaté el cordón blanco que ataba el largo cable de mi teléfono y lo arrastre por toda la sala hasta mi piano negro, doblé su  tapa hacia arriba y me deslicé sobre el taburete. “Usted… Quiero decir, ¿tú… tocas el piano?” “Lo intento… ya estoy un poco oxidado… pero estoy seguro de que todavía puedo conseguir tocar al menos algo cortito” – volví a colocar el teléfono entre oreja y hombro y empecé a tocar la primera canción que me vino en mente – una balada romántica que hace unos años solía tocar en los restaurantes y bares de los hoteles de Caracas y que me aseguraba cada dos por tres una buena propina.

María escuchaba los sonidos del piano y yo oía su zumbido. Parecía que le gustaba, pero no se atrevía a cantar… ¿Quizás si cambiaba la canción? “Hmm… ¿Qué piensas de algo con un poco más de ritmo? Deslicé mis dedos sobre las teclas y comencé con el típico intro de salsa. Tal vez Celia Cruz la motivaba un poco más… “AAAy, no hay que llorar, que la vida es un carnaval! Es más bello vivir cantando” se me escucho exclamar y María empezó a reírse. Fue una risa alegre, una risa con ganas, una risa que venía de corazón. Parecía que había conseguido que María se soltase un poquito…  “Ay no hay que lloraaar, que la vida es un carnaval! Y las penas se van cantando”, sintonizó ella. ¡Lo sabía! ¡Cantaba fenomenal! Su voz era simplemente preciosa. No pude evitar una sonrisa y terminé la canción con un outro energético. María aplaudió con entusiasmo.  Qué hermosa risa tiene esta chica, me pasó por la mente.

De repente se calló  “¡Nelly! Um… no… ¡Es para ti! Will, Adiós!” – Ni siquiera tuve tiempo de despedirme. “¿Hola? ¿Will? ¡Qué amable de tu parte llamar! Y gracias por hablar con mi… compañera de piso… ¡¿María?! ¿Podrías salir de la habitación? ¡Gracias, querida!” “Yo… um… hola Nelly. Sí, yo… Maria realmente es… Tuvimos una conversación muy interesante y fue… agradable…” – “¿Ah, sí?” Escuché algo raro en su voz: “Normalmente ni abre la boca… es un aburrimiento… una mosquita muerta. Pero bueno… me llevo bien con ella…” – “Hmmm… no me ha parecido nada aburrida” defendí a Maria, disgustado del comentario de Nelly. “Lo que sea. No me estás llamando para hablar de mi compañera, ¿verdad?”-  “No, en realidad no. ¿Vas a hacer algo mañana por la noche? Me gustaría invitarte a cenar. ¿Qué piensas?” “Nelly estuvo encantada, me dio su dirección y nos despedimos.  

Colgué el teléfono y miré el largo cable que había tendido por toda la sala para poder tocar el piano para María. Esa chica era… cualquier cosa menos tonta y aburrida… de eso estaba seguro. Era tímida, un poco reservada… Pero tenía una voz preciosa y me gustaba su forma de expresarse… y su risa. ¡Mañana podría echarle un ojo! Le dije a Nelly que la recogería a las 8:00. Si me presentara con una botella de vino 10-15 minutos antes, María tendría que dejarme entrar y yo tendría un poco de tiempo para hablar con ella hasta que Nelly terminara de arreglarse. Tal vez sobre el inminente retorno del comunismo… Tal vez sobre la música… Sobre lo que sea… pero esa chica… ha despertado mi curiosidad.

¿Todos somos un poco bisexuales?

¿Cuánto sabemos sobre nuestra propia sexualidad? ¿Qué determina si somos bisexuales o no? ¿Y qué tan importantes son estas preguntas para nuestras vidas? Hace unos días he publicado en mi Blog alemán un artículo de un joven de Berlín hablando sobre su propia sexualidad y su inseguridad al respecto.

No tengo por qué decidirme

“Desde mi pubertad me preguntaba si me gustan las mujeres o los hombres. Hasta el día de hoy, no puedo responder a esa pregunta con claridad. La buena noticia es que no por qué decidirme. Puedo ser bisexual.

Hasta ahora sólo he hablado con mi mejor amigo sobre este conflicto interno. No sé si es por vergüenza o no. No hablo mucho de mi sexualidad. Pero el hecho de que pueda ser bi me llevó a investigar sobre este tema. Quería saber qué es lo que había detrás del término “bisexualidad”. En principio, todo ser humano tiene una disposición bisexual. Al menos es lo que decía Sigmund Freud. Según su investigación científica, todos nacemos con tendencias heterosexuales y homosexuales. Después de una fase de bisexualidad, solemos elegir el mismo sexo o el sexo opuesto. CUANDO se decide lo que te gusta, no está muy claro…

El  hecho de sentirse atraído por  hombres y mujeres no significa encontrar a ambos sexos interesantes de la misma manera. Se puede tener preferencias. Para la bisexualidad, las fantasías eróticas del mismo o diferente sexo son suficientes. Esto significa que una mujer puede llamarse bi si vive en una relación con un hombre y ocasionalmente piensa en tener sexo con otra mujer. Del mismo modo, el hombre supuestamente heterosexual que a veces piensa en acostarse con otro hombre. Lo mismo se aplica a las personas homosexuales.

Nunca he tenido una relación seria con un hombre. Y me cuesta mucho imaginarlo. Aun así, tengo fantasías eróticas con chicos y a veces las vivo. ¿Cómo se supone que debo llamarme? Según Freud, la respuesta siempre está en el ojo del observador. En última instancia, depende de cómo se vea cada uno a sí mismo y de lo que decida hacer.”

La ciencia no miente

Aparte del ejemplo que dio mi amiguito, me gustaría dar algún ejemplo más que la heterosexualidad o también la homosexualidad rígida no existen. Investigadores de la Universidad de Cornell han examinado la dilatación de la pupila de voluntarios como indicador de excitación sexual mientras que veían imágenes pornográficas. El resultado fue que ambos sexos se excitaban más con imágenes de su sexo “preferido” pero al final ciencia no miente. Sus pupilas revelaron excitación también al ver escenas homosexuales/heterosexuales.

Sobre todo a los hombres heterosexuales se les hace difícil admitir la atracción por el mismo sexo, lo que tiene que ver con las ideas de masculinidad propagadas por nuestra sociedad durante décadas. Mujeres parecen ser un poco más abiertas al respecto…

¿A partir de cuándo soy bisexual?

Pues partiendo de la base que todos sentimos cierta atracción por ambos sexos, la pregunta es ¿cómo definimos bisexualidad? o mejor dicho ¿cómo definimos el ser bisexual? ¿Tiene que ser una sexualidad real es decir experimentada? ¿Vale con una simple fantasía?

La sexualidad como tal es un conjunto de actividades y comportamientos relacionados con el placer sexual. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad humana abarca tanto las relaciones sexuales (el coito) como el erotismo, la intimidad y el placer. La sexualidad es experimentada y expresada a través de pensamientos, acciones, deseos y también fantasías. Así que al fantasear con el mismo sexo, al menos podríamos decir tener tendencias bisexuales.

En fin. Cómo lo vemos cada uno y como nos queremos definir o no, al final da un poco igual. Lo importante es ser liberales, conscientes y disfrutar de lo que nos guste…

Oculta tras tu sombra – La depresión y lo que significa para la pareja

Hoy os quiero presentar algo muy especial. La carta de amor de una mujer cuya pareja sufre de una enfermedad que es más común de lo que pensamos: La depresión. ¿Cómo se vive con una pareja que sufre de estos estados de ánimos? ¿Qué significa para la convivencia?

Oculta tras tu sombra

Vivir en la sombra de un gran amor, saber que darías todo cuanto a tu alcance está,  para sacarlo del más profundo e infinito vacío, un túnel oscuro y sin final, por donde transitan sus pensamientos, donde sólo te une un hilo de esperanza con el mundo exterior. Y yo aquí a la espera que abra sus ojos y vea que tenemos una vida juntos, que aún  hay tiempo para vivir nuestros sueños.

Me tocó luchar por ti

Pero esta lucha constante por sacarte del abismo en que te encuentras , LA DEPRESION, una enfermedad que muchos padecen y no la reconocen, no la enfrentan, no la combaten , porque se encuentran perdidos y sin deseos de vivir. A mí me ha tocado luchar día tras día para salvarte y no dejarte envolver por esas corrientes de aguas turbulentas que te arrastran, hasta sacudir tus pensamientos y desear poner fin a tu vida.

Soy yo tú única esperanza, es nuestro amor lo que te da las  fuerzas para luchar, pone un punto de luz en el horizonte y te hace despertar de esta pesadilla.

Había días que solo quería huir

Saber que nos  amamos con tanta intensidad, es lo más bello que una persona puede vivir.

Es una energía que fluye y nos conecta donde quiera que estemos. No permitiré que esta enfermedad nos gane la batalla. Muchas veces te siento lejos, solitario, triste, como si fueras otra persona; no lo niego sufría silenciosamente, me refugie en los libros, artículos, buscaba desesperada información sobre el tema, pero cada vez me sentía más confundida. Hasta que un día comprendí que la respuesta que buscaba siempre estuvo allí en mí, nadie podría ayudarme, sólo este sentimiento tan puro era capaz de mantenerte aquí. Desde ese momento me dije a mi misma, nadie podrá robarnos la felicidad, las ganas de vivir, reír, hacer todo aquello que deseamos, lo que nos haga feliz. Somos responsables de nuestras vidas y debemos vivirlas como queremos, no como quieran los demás.

La esperanza y el amor son la solución

Te amo mi amor, juntos saldremos adelante, no dejaremos que la depresión sea más fuerte que nuestro amor. Para todas aquellas personas que están pasando o han pasado por éstos momentos, quienes tienen parejas, amigos, familiares depresivos va dirigido esté mensaje.

“No podemos permitir que la sombra de la depresión nos arrebate a nuestros seres queridos, tenemos que ser más fuertes, luchar con amor, fe y esperanza, y sobre todo oír la voz de nuestro corazón porque allí estará la respuesta“.

Maggy

A las mujeres nos encanta el amor – una reflexión sobre el por qué los hombres son más selectivos a la hora de elegir pareja –

Es difícil admitirlo, pero en mi opinión los hombres son más selectivos a la hora de elegir pareja. La mayoría de las mujeres carecen de la capacidad de distinguir si el conocido de anoche es alguien con potencial para ser pareja o no. Básicamente, cada candidato es… un candidato. ¿No?

Los hombres y sus tres grupos

Las cosas buenas vienen de tres en tres. Así que no extraña que a los hombres les guste dividir a las mujeres en tres grupos:

1- No me interesa, 2- está buena y me la quiero chuscar, 3- podría gustarme para algo más.

Estos tres grupos se respetan, aunque los límites (especialmente entre los grupos 1 y 2, dependiendo del nivel de alcohol y del tiempo de abstinencia) a veces pueden ser… vamos a decir un poco borrosos. ¿No es cierto, chicos?

Respecto a los grupos 2 y 3: A los hombres les da bastante igual, si una mujer pertenece al uno o al otro grupo, ya que en ambos casos tendrán que hacer más o menos el mismo esfuerzo y al final les resultará igual de satisfactorio.

La mujer y su tendencia a la expectativa

¿Cómo somos las mujeres? Un poco diferentes. A las mujeres no nos gusta decidir desde un principio, si el chico nos gusta o no.  Siempre podría cambiar, ¿no? La verdad es que muchas veces ni nos preocupamos si ese chico nos resulta interesante, hasta tener una razón concreta por ejemplo que de repente tenemos la sensación que le estamos gustando. Después de superar los primeros obstáculos con algo de simpatía básica y quizás algún revolcón, sale lo que tiene que salir a la luz, la expectativa femenina. Queremos llamadas, mensajes, constancia y lo más importante, queremos evolución.

Una vez llegado este punto, deberíamos hacernos algunas preguntas:

1. ¿Cuándo y por qué empiezan nuestras expectativas? ¿El sexo tiene algo que ver?

El sexo es el sexo. Eso debería estar claro. Pero hay mujeres, para las que el sexo NO significa sólo sexo. Cuando escucho las historias de mis amigas, muchas veces me da la impresión, que asocian el sexo con algo más y que no tienen suficientemente claro lo más básico: los hombres se acuestan con mujeres por placer físico. Punto. Ni más ni menos.

No sé por qué, pero las mujeres suelen darle un poco más de importancia. Obviamente también están las que disfrutan de lo físico y no piensan en nada más (¡menos mal!) pero cómo os dije… conozco muchisimos casos contrarios…

En fin. Si para la mujer el punto de inflexión realmente es la noche en la que se acuesta con un hombre o si llega después de varias semanas o meses de pinchamigos, podemos dejarlo abierto, ya que cada caso es distinto.

Pero todas tenemos una cosa en común: en algún momento nos hace “clic” y llega lo que podríamos definir como “las expectativas”.

2. ¿Realmente va de él?

No parece importar quién es el tipo y muchas veces ni cuánto tiempo lo conocemos y si nos gusta de verdad. Llega el momento en el que esperamos un desarrollo, una evolución… De hecho EL es  bastante intercambiable (al menos al principio). ¿No te lo crees? Tómate tu momento y piensa en tus historias amorosas y las experiencias de tus amigas. ¿Cuántas veces te has vuelto loca porque EL no te ha escrito ni te ha llamado después de haber quedado dos o tres veces? ¿Fue porque te gustaba? ¡Imposible! Si lo acabas de conocer… ¿Cuántas veces has escuchado quejarse alguna amiga de que no haya funcionado con un chico que realmente no conocía de absolutamente nada? Y la pregunta de las preguntas: ¿Cuántas chicas están con un tío que no les gusta?

Qué raro, ¿no? Y las chicas siempre pensábamos que NOSOTRAS éramos las románticas… Pffff…..

Una vez escuché decir a un hombre, que las mujeres estábamos enamoradas de la idea de enamorarnos. Por supuesto yo estaba indignada y lo negué todo con vehemencia. Hoy, unos tres/cuatro años después, creo que este chico no estaba tan equivocado. ¿Por qué nos gustan tanto las historias románticas, las novelas y películas de amor? No TODAS, lo sé, pero muchas sí… ¿Por qué siempre esperamos algo de EL aunque todavía no lo conocemos nada? ¿Por qué nos hacemos ilusiones sin saber nada de el? ¿Por qué el pragmatismo masculino nos fastidia tanto y por qué nos tomamos tan a pecho sus rechazos? ¿Por qué tantas veces acabamos con una persona, que realmente NO nos gusta?

Nos encanta el amor.

Vale.

Pero a veces deberíamos tomarnos un respiro y reflexionar si realmente va de EL o si se nos está yendo la  pinza otra vez…

Cómo ser feliz en 5 pasos

Ser feliz no es tan difícil como a veces pensamos y yo por mi parte estoy convencida, que cualquier persona puede aprenderlo. ¡Esto va en serio! Te enseñaré como…

1. Paso: ¿Quién soy?

Con la velocidad en la que corremos por nuestro día a día se nos suele olvidar lo más importante de todo: nosotros mismos.

¿A quién ves cuando te miras en el espejo? ¿Eres capaz de describirte a ti mismo? ¿Cómo le contarías a otra persona sobre ti? ¿Te caerías bien a ti mismo? ¿Cómo son tus condiciones de vida? ¿Tu trabajo? ¿Estás haciendo lo que quieres hacer o estás haciendo lo que tienes que hacer? ¿Tienes a una familia que te quiere? ¿Amigos que te importan? ¿Pareja? ¿Aficiones? ¿Te gusta reírte? ¿Por qué no lo haces con más frecuencia?

La conciencia y el reconocimiento de ti mismo y de las cosas que te rodean – nuestro primer paso hacia una vida más feliz.

2. Paso: ¿Dónde están los problemas?

Ahora que has reflejado un poco sobre quién eres y cómo te sientes y has pensado en lo que es importante para ti en tu entorno y en qué situación de vida te encuentras,  podemos pasar al siguiente paso:

La pregunta de las preguntas: ¿Qué es lo que inhibe tu felicidad?

¿Qué te impide comenzar el día con alegría? ¿Por qué no puedes reírte de corazón? ¿Hay algo que te molesta, te deprime o te da miedo? ¿O quizás estás demasiado ocupado para abrir los ojos y realizar lo bien que lo estás pasando?

¿Sabías que la mayoría de nuestros temores y preocupaciones no son reales? O digámoslo de otra manera: ¿Alguna vez te has dado cuenta de que la mayoría de TUS miedos y preocupaciones no son reales? Muchas veces nuestros miedos se relacionan con cosas en el futuro que nunca sucederán o hechos reales que ya no se pueden cambiar porque están en el pasado.

Así que si dejamos de lado todas esas preocupaciones “falsas” del futuro o pasado ¿QUÉ es lo que queda? El AHORA. Y si nos centramos en el AHORA, ¿QUÉ es lo que realmente te preocupa?

¿Lo tienes? Pues hazte otra pregunta más: ¿Esa preocupación tiene solución?

Permíteme simplificarlo un poco: ¿Los vaqueros no te cierran? ¿El teléfono está roto? ¿Eso realmente lo consideras un problema? Para alguno quizás lo es. Sin embargo, estos puntos se pueden resolver fácilmente.

¿Ya no disfrutas de tu trabajo o tu pareja te dificulta la vida? También son cosas que tienen solución. Incluso aunque estas decisiones serán más difíciles para nosotros que muchas otras, las decisiones nos darán las soluciones. Esperar a que algo cambie por sí solo, no.

Resumen: Ten en cuenta que hay muy poco en esta vida que valga la pena perder lo más bonito de nuestro rostro: la sonrisa.

3. Paso: Si se quiere, se puede.

“No puedo.” – Una frase que deberías eliminar por completo de tu vocabulario.

Puedes hacer de TODO, si realmente lo quieres. Es más, si llegas a decir que no puedes, es porque no quieres y la verdad es que te frenas a ti mismo.

El tercer paso en nuestro camino hacia la felicidad es entender (no digo leer y pasar, digo ENTENDER) que podemos cambiar muchas cosas en nuestras vidas si realmente queremos. Hay tanto, que está en nuestras manos – especialmente nuestra propia felicidad.

¿Hay algo en concreto que te agobia? ¡Sácalo de tu vida! ¿De qué tienes miedo? ¿Del cambio? ¿Las consecuencias? ¿Del fracaso?

Entonces aún no has superado el segundo paso de nuestro aprendizaje. Hemos dicho que NO íbamos a tener ni miedos ni preocupaciones que no eran reales y nos queríamos concentrar en el AHORA. Verás lo bien que se siente pensar de esa manera y SOLO concentrarse en las preocupaciones de hoy e intentar resolverlas, sabiendo que vas a poder hacerlo si realmente quieres.

4. paso: El AHORA, el AQUÍ, y el YO

“Erase una vez un pobre hombre que pasó toda su vida buscando un tesoro…” – así empieza un antiguo cuento chino, que termina con el hecho de que este hombre tenía que darse cuenta de que el tesoro que tanto buscaba siempre ha estado en una caja en la que se sentaba cada día para desayunar. Todo lo que tenía que hacer, era abrir la caja y mirar dentro y toda su vida hubiera sido diferente.

No es tan difícil leer entre líneas de esta historia. El tesoro que tanto buscamos, nuestra propia felicidad, no está sólo muy cerca, ¡estamos sentados en ella!

Nuestra vida es el regalo más grande que nos han dado y muchas veces ni nos damos cuenta. La malgastamos sin más y no dejamos de buscar algo diferente, algo mejor, algo más grande o moderno. El cuarto paso en nuestro camino hacia la felicidad es ser consciente de que tu vida es un regalo y tienes que disfrutar cada minuto de ella como si no hubiera mañana.  

¿Has notado hoy lo azul que es el cielo? ¿Disfrutaste de la ducha con todos tus sentidos? ¿Estuviste agradecido por la sonrisa de su hijo esta mañana? Basta ya de preocupaciones irreales, de miedos y del “qué dirían”.  ¿Qué más da?

Lo que realmente cuenta es el AHORA, el AQUÍ y el YO.

Sólo nosotros mismos somos capaces de hacernos felices y por lo general no es tan difícil como solemos pensar.

5. Paso: ¡No lo olvides!

El último es probablemente el paso más difícil de todos:

¡NO TE OLVIDES SER FELIZ!

No olvides levantarte por la mañana con una sonrisa.

No olvides quién eres, qué puedes hacer y quién te ama.

No olvide que los problemas rara vez son reales.

No olvides que sólo se vive una vez.

No olvides hacer lo que quieras más a menudo.

No olvides que puedes hacer y lograr lo que quieras.

No olvides que normalmente no es para tanto.

No olvides centrarte en el AHORA y AQUÍ.

No te olvides vivir.

No te olvides ser feliz

¿Guapisima, inteligente y soltera?

Todas la tenemos: Esa amiga que lo tiene todo. Guapisima, exitosa, autosuficiente – pero sin pareja y eso ya desde hace años…

Las mujeres exitosas lo tienen más dificil encontrar el amor. Punto. Es así y existe una cantidad de artículos y hasta algunos estudios al respecto. Pero ¿cuál es la razón?

1. Carácter y prioridades

Las mujeres exitosas muchas veces han tenido que luchar igual o más que un hombre para abrirse camino. Por lo tanto, no es de extrañar que esto también se refleje en su carácter.

La autoestima, fuerza y el éxito son cualidades que atraen tanto a hombres como a mujeres. Hasta cierto punto. Muchas mujeres, aparte de su fuerza y su autosuficiencia también irradian cierta dominancia y falta de querer hacer compromisos por otras personas.

Los hombres exitosos son iguales, muchos no dejan ni un solo minuto de lado al móvil o cancelan una cita o un viaje de negocio por su pareja. Así que, ¿cuál es el problema? El caso es que la naturaleza femenina se distingue por su adaptabilidad, las mujeres se ajustan a esas circunstancias, son más comprensivas. A muchos hombres simplemente no les apetece serlo o no son capaz. ¿Será por falta de igualdad en nuestra sociedad? ¿Será porque hombres no le dan importancia a la profesión y el éxito de una mujer y al revés si?

La verdad es que no lo sé.

2. No tienen el chi* para farolillos

Emancipación o no – tenemos que admitir que incluso hoy en día en el 99% de los casos son las mujeres que cuidan de los niños, organizan las vacaciones y se encargan de la limpieza del hogar.  Aunque los hombres “ayuden” a sacar la basura y a ocuparse de la cena de vez en cuando, sigue siendo la mujer la que asume la responsabilidad. Elegí con toda la intención la palabra “ayudar”, porque muchísimas veces ellas y ellos también lo hacen, sin ser conscientes, de que EL también vive en esa casa y quiere que esté limpia o de que EL también tiene hambre y quiere comer algo. Ayudar por su definición es una acción que una persona hace de manera desinteresada para otra por aliviarle el trabajo. Eso implica que la responsabilidad obviamente la tiene la mujer. Injusto, ¿no?

Insisto, no siempre es así y hay hombres que procuran encargarse de todo esto igual que las mujeres, pero si somos honestas, no es lo típico.

Vale, y ahora pensemos en una mujer que trabaja al menos 10 horas al día, sin nombrar las cenas y las llamadas hasta tarde noche, lleva la responsabilidad por el hogar, los hijos, la planificación de cada detalle de la convivencia y además tiene que preocuparse por si su pareja se siente suficientemente atendido o le está poniendo los cuernos. Para  eso están mejor sola, ¿no? Eso al menos es lo que su subconsciencia le dice al momento de conocer a un hombre que podría estar interesado en algo serio, y eso se nota.

Mujeres con agendas llenas dan la impresión (y no solo es una impresión) que no necesitan a ningún hombre en su vida y eso puede frustrar algún que otro chaval, aparte de que le suelen exigir más… (pero eso ya es punto número 3)

3. Quieren uno que lo tenga todo

Está claro que si le preguntas a una mujer cómo se imagina al hombre de sus sueños, es capaz de entregarte un ensayo de 15 páginas. Al menos 15, está claro. Pero eso no es el punto. En el caso de las mujeres que lo tienen todo es lógico que también quieran a un hombre a su lado, que lo tenga todo. O al menos es lo que piensa la gente, mejor dicho los tíos.

La verdad muchas veces es otra. Estas mujeres no necesitan a nadie que gane más que ellas ni que sea ningún Adonis. Estas mujeres solo quieren a alguien con quien encontrarse de igual a igual en el día a día. Una persona que la comprenda y la apoye, la complemente y la desee en vez de tenerle miedo y se compare con ella…

4. Roles y otras tonterías

¿Entonces? ¿El problema es la independencia? ¿El dinero?

La verdad es que a muchos hombres (hasta a los más emancipados) les disgusta la idéa que la mujer gane más o sea más exitosa que el. ¿De qué viene eso? Está claro, los hombres desde muy jóvenes experimentan una presión enorme por parte de la sociedad. Se les mide por su propio avance, su éxito laboral y su capacidad de mantener a una familia (mientras que las mujeres sobre todo tenemos que ser atractivas).

Lo que mucha gente no tiene claro: ¡Los tiempos han cambiado! Hoy en día ya casi no es posible “mantener” a una familia sin que trabajasen los dos. Al menos, si quieres estar con ella de vez en cuando. Hoy en día hace falta actuar en equipo, y dicho esto no debería tener relevancia si es EL o ELLA quién gana más.

Todo eso es la teoría. Algo, que todos deberíamos saber y tener muy claro. DEBERÍAMOS.

Pero al final creo que a nuestra sociedad le harán falta algunos años de evolución, para llegar al punto en el que todos pensamos de esa manera. Mientras tanto seguimos con los estereotipos antiguados..

Respecto a las chicas ahí afuera, las mujeres que se lo curran de verdad, que han estudiado y luchado para ser alguien, quiero deciros una cosa: ¡No os frustréis! Vale, quizás alguna que otra debería ser un poco más comprensiva con el sexo opuesto y ceder un poco de vez en cuando. Pero la verdad es que sois lo más y nunca deberíais de olvidarlo. Está claro que es mejor estar sola que mal acompañada y deberíais disfrutar el hecho de estar libre en todo lo que queréis hacer. Y si os dejáis fluir, algún día se presentará el chico que valga la pena. Un chico que os guste mucho y os haga sentir bien, sin jueguitos ni tener que fingir. Un chico que os valore como lo que sois – unas leonas maravillosas –  y le haréis huequito en vuestra agenda…

¿Películas o peliculitas? – Por qué las películas porno son buenas para nuestra relación y las mujeres también deberíamos echarles un vistazo.

Una gran mayoría de la gente piensa que los principales consumidores de películas eróticas son hombres. Incluso hoy en día muchos chicos aún se sorprenden si se les comenta que a las mujeres también nos gusta ver “peliculitas”.

Según estudios de una de las plataformas porno más frecuentadas, alrededor del 30 por ciento de sus consumidores son mujeres. ¡Treinta! Y la cifra va aumentando… Desde mi punto de vista podría ser aún más alta si la industria porno se esforzase un poco más a la hora de elegir los protagonistas masculinos y diseñar los sitios web… En fiiiiiiin. Concentrémonos en lo esencial:

¿Por qué vemos porno?

La respuesta es fácil: en cada uno de nosotros se esconde un pequeño voyeur que se excita al ver a otra pareja teniendo relaciones sexuales. Gracias a las neuronas espejo, tenemos la sensación de formar parte de la escena en la pantalla. Así que no nos extraña que la pasamos así de bien…

Aparte de las consecuencias puramente físicas (aumento de la actividad de neuronas, estimulación del sistema nervioso, liberación de endorfinas durante la masturbación, etc.), el consumo de películas eróticas también tiene efectos psicológicos bastante sanos.

Por unos instantes se olvidan los  pensamientos negativos, el estrés cotidiano, el trabajo, los niños y te concentras en los estímulos en la pantalla y tus propias sensaciones. Las distracciones externas e internas simplemente se desvanecen, ¡casi como durante la meditación!

Las películas porno son buenas para nuestra relación

Es muy sencillo. Las películas eróticas y la masturbación aumentan nuestra libido. Una libido saludable conduce a una vida sexual saludable. ¿Y qué podría ser más sano para una relación que terminar en la cama juntos con frecuencia? “El sexo no lo es todo” (un dicho muy popular) – claro, eso es verdad. Sin embargo, debemos ser conscientes de que durante el acto se libera oxitocina, la famosa hormona del cariño y la unión y esto a su vez lleva a una extensión significativa de la fecha de caducidad de cualquier relación. Por lo tanto vale la pena trabajar en una vida sexual sana y equilibrada y esto también incluye alguno que otro incentivo para la propia fantasía.

El porno es una forma de despertar nuestra propia imaginación, de ofrecernos variedad y si somos honestos, a veces incluso podemos copiar alguna cosita (No, por supuesto, no me refiero a ese tipo de película que solo sirve para la sobreestimulación visual y aparecen 25 penes y 48 chirris en tres minuto. Pero también están las peliculitas BUENAS…).

Muy bien chicas, ¡a por las pantallas! Si nunca has visto una película erótica, igual primero deberías pensar en una idea, una imagen que te gustaría ver. Estoy segura que la encontrarás al introducirla en la función de búsqueda. ¡Es que hay de todo!

¡Ah! Y si necesitas algún consejito, házmelo saber.

A ver si conseguimos llegar al 50 %  😉